domingo, 10 de noviembre de 2013

Cuando él lo vio supo que le gustaría, al menos en un primer plano de manera completamente superficial. No se hizo esperanzas porque siempre ocurría lo mismo, aparecía un chico lindo que al abrir la boca terminaba por desear no haberse acercado nunca. Pero éste no habló como primer acto, sino que sonrió y al hacerlo sus pómulos provocaron en él una expresión de éxtasis total en él. Casi contagioso. Si bien solía burlarse de libros cuyo argumento abarcaba amor a primera vista, lo que le estaba ocurriendo a él le daba una idea de que, después de todo, no era absurdo aquella posibilidad.
Quería besarlo, aferrarlo a él, llevarlo a la cama, morder sus labios, que sus manos tomaran su cuerpo y escuchar sus gemidos porque aquella sonrisa no podía acompañarse con un tono básico, se negaba a creer aquello.
—Che, ¿a vos no te vi en pacha el otro día?
Que lindo, romper (prender fuego, realmente) su dialecto interior con aquella frase tan...
bueno, qué más da;
Que grasa todo. La próxima vez no esperaba a que hablara y se lo cogía directamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario