no estabas
ya no estarías nunca más
y recuerdo que me desesperé, porque pensé que algo malo había pasado, que habías buscado las pastillas que tomabas todas las noches, las habías mezclado en tu estómago a las tres de la mañana mientras llorabas por la vida que siempre quisiste dejar.
No obstante yo había entendido mal, y sin saberlo estaba gritando tu nombre, pero repito: había entendido mal. Y me llamaste, apareciste frente a mi, noté que tenías ojos marrones, grandes y brillaban. Creo que eso fue lo que en realidad me enamoró.
Me enamoré.
Porque noté que tenías vida en tu interior y, no obstante, tristeza, pero a mi no me importaba tu tristeza, yo podía ayudarte.
Y sonreí.
Y dije que no habías muerto.
Y te reíste y me preguntaste quien era.
Y solo dije que alguien.
Sonreiste.
Lo hiciste.
Y me enamoré.