Este es un descargo que me encuentro planeando hacer desde
hace semanas y que postergué durante tanto tiempo ‘gracias’ a que me cuesta tanto
enfrentar las cosas. Porque escribir lo que a uno le sucede es una manera de
aceptar, de poner las cartas sobre las mesas, el primer paso para comenzar a
hacer algo al respecto… porque sentarse a pensar lo que está sucediendo ya es
una manera de hacerse cargo. Y eso es algo que me cuesta mucho. Discutir con la
gente me pone nerviosa, termino dándole la razón en cosas que no sólo para que
me dejen de gritar, dejen de pelearme, dejen de hacer todo eso que tanto me
molesta. No enfrentar es también reprimir, saber que está ahí pero pretender
que no. Dejar el trabajo simplemente no yendo más y no atendiendo el teléfono
me resultó más fácil que simplemente ir a hablar las cosas.
Mi problema estaría siendo no poder dejar de pensar en dejar
la facultad. Con tan solo pensarlo me niego rotundamente, porque más que
sacarme un peso de encima, me agregaría uno mucho más grande.
Soy una persona que no soporta sentirse inútil. Sé que lo
soy, cada vez me convenzo más que no me da la cabeza, que esto no es lo mío,
que soy un desastre, que… La lista sigue, sigue y sigue. Sacarme un cuatro es
un recordatorio permanente de que soy inútil, que no me da la cabeza, alimenta
el peso que llevo encima de mí desde hace tiempo.
Esto no viene pasando desde que empecé la facultad, lo tuve
siempre. Siempre tener que sacarme buenas notas porque reprobar significaba lo
peor del mundo porque mi mamá venía y me hacía sentir mal. Yo hija modelo.
Paula, la que nunca se llevó una materia hasta que estuvo en cuarto año, donde
casi tiene un colapso mental y rompió con la tradición. Mi mamá contaba que me
había llevado materias con tono de disculpa, su hija no había sido lo
suficientemente buena. Su hija no come. Su hija se corta. Su hija llora todo el
tiempo. Su hija se ve gorda. En lo único que podía sentirse orgullosa su hija
lo volvió a arruinar.
Paula es tonta.
A Paula no le da la cabeza.
A Paula se le quemaron las neuronas todas esas veces que
prefirió no comer y ahora que come, incluso de más, éstas se niegan a volver.
En fin…
La culpa me quedó y ahora no soporto no poder aprobar, no
poder ser suficientemente buena. Una parte mía sabe (y ha comprobado) que “siendo”
fuerte logro aprobar con notas altas, podría promocionar, pero… (Siempre hay un
pero, frase cliché nunca mal empleada) no dejo de ser Paula. No dejo de ser esa
chica que todo le duele un poco más que a los demás, demasiado sensible,
demasiado tonta.
Si mis amigos se pelean conmigo, si la persona con la que
estoy saliendo está molesta conmigo, si ese día mi mamá me gritó, entonces no
logro entender nada de lo que estoy leyendo, las pocas neuronas que quedaron se
cierran completamente. Me acuesto en la cama, me digo a mi misma que no tengo
que llorar, que ya va a pasar, y me enojo por ser tan débil, por no poder dejar
de lado esas situaciones y enfocarme todo lo que necesito. Como ya no me corto,
entonces me rasguño, todos los brazos, las piernas, a veces la cara, sino está
mi mamá grito contra la almohada, porque estoy furiosa conmigo misma, con todo,
con todos. No, no lo hago siempre, no vivo lastimándome, pero guardo mucho, y
cuando me canso de guardar, cuando la presión en el pecho ya no puede ser
reprimida, entonces reviento.
Quiero dejar la facultad para dedicarme a mí misma, a dejar
de ser tan inestable, a dedicarme a mis amigos a… ¿Tan estúpido suena dejar la
facultad para que mis amigos no se enojen conmigo? Es que aunque tenga el apoyo
de ellos, lo que yo cargo encima es el miedo de quedarme sola. De no tener a
nadie y eso es algo que me produce mucho dolor todos los días. Porque no tener
a nadie no significa quedarse solo, como un blanco o negro, como esto o
aquello, significa que fui lo suficientemente desastre para no saber conservar
amistades, que ni siquiera sirvo para eso. Significa que tengo que intentar
hablarle a alguien y eso a mí me cuesta mucho, porque siempre estoy pensando en
si les caigo mal, sino les caigo mal, si fui muy pelotuda, si me van a dejar de
hablar ahora o dentro de tres meses. Significa que cuando quiera salir a algún
lado no voy a tener a nadie, significan muchas cosas que pesan y mucho.
No, no quiero dejar la facultad, pero tampoco sé que hacer.
Porque también tengo que trabajar, porque de lo contrario
soy una inútil y una larva y no hago nada, y vos te vas a ir con tu padre, y no te soporto, y ándate con tu padre
(de nuevo). Y no tengo plata para salir, no tengo plata para darle a mamá
así me deja de tirar a lo de mi papá, no tengo plata para ir a la facultad,
porque hay que cargar la sube y si le pido a mi mamá tengo que escuchar el después me lo devolvés de mi mamá, que
claramente significa “BUSCÁ TRABAJO”. Y yo tuve trabajo, dos veces, las dos
veces lo dejé.
¿Por qué dejé el trabajo si soy irresponsable? Porque los
dos eran trabajos de mierda, porque en el último era la única camarera del
restaurante y estaba muy cansada de estar ocho horas trabajando para después
tener que estudiar en algún momento del día e ir a la facultad, y quedarme
dormida porque estaba muy cansada, y tener menos tiempo para ver a mis amigos,
y que se enojen, y que se enoje mi mamá, y ponerme a llorar, y a que mi mamá no
le importo si lloro cuando no tengo trabajo, pero si le importe cuando lo tengo
y me diga “ya va a pasar”. Lo dejé porque me importa más estudiar, pero ahora
me doy cuenta que tendría que estar priorizando ser un poco más estable. Estoy
en el CBC, ni siquiera es la facultad propiamente dicha, ¿qué voy a hacer el
próximo año? Seguramente pasarla como el orto o peor. Seguramente voy a seguir
en el CBC, seguramente ni esté.
Porque soy tonta. Porque vivo cansada y con ganas de llorar.
Porque todo me cuesta más. Porque todo me duele más. Porque no quiero quedarme
sola. Porque soy una adolescente que se quedó en los 16 años. Porque me cuesta
mucho ser responsable. Porque le busco demasiado el significado a todo. Porque le agrego drama a donde no debería haber.