viernes, 26 de septiembre de 2014

Dejar la facultad.

Este es un descargo que me encuentro planeando hacer desde hace semanas y que postergué durante tanto tiempo ‘gracias’ a que me cuesta tanto enfrentar las cosas. Porque escribir lo que a uno le sucede es una manera de aceptar, de poner las cartas sobre las mesas, el primer paso para comenzar a hacer algo al respecto… porque sentarse a pensar lo que está sucediendo ya es una manera de hacerse cargo. Y eso es algo que me cuesta mucho. Discutir con la gente me pone nerviosa, termino dándole la razón en cosas que no sólo para que me dejen de gritar, dejen de pelearme, dejen de hacer todo eso que tanto me molesta. No enfrentar es también reprimir, saber que está ahí pero pretender que no. Dejar el trabajo simplemente no yendo más y no atendiendo el teléfono me resultó más fácil que simplemente ir a hablar las cosas.
Mi problema estaría siendo no poder dejar de pensar en dejar la facultad. Con tan solo pensarlo me niego rotundamente, porque más que sacarme un peso de encima, me agregaría uno mucho más grande.
Soy una persona que no soporta sentirse inútil. Sé que lo soy, cada vez me convenzo más que no me da la cabeza, que esto no es lo mío, que soy un desastre, que… La lista sigue, sigue y sigue. Sacarme un cuatro es un recordatorio permanente de que soy inútil, que no me da la cabeza, alimenta el peso que llevo encima de mí desde hace tiempo.
Esto no viene pasando desde que empecé la facultad, lo tuve siempre. Siempre tener que sacarme buenas notas porque reprobar significaba lo peor del mundo porque mi mamá venía y me hacía sentir mal. Yo hija modelo. Paula, la que nunca se llevó una materia hasta que estuvo en cuarto año, donde casi tiene un colapso mental y rompió con la tradición. Mi mamá contaba que me había llevado materias con tono de disculpa, su hija no había sido lo suficientemente buena. Su hija no come. Su hija se corta. Su hija llora todo el tiempo. Su hija se ve gorda. En lo único que podía sentirse orgullosa su hija lo volvió a arruinar.
Paula es tonta.
A Paula no le da la cabeza.
A Paula se le quemaron las neuronas todas esas veces que prefirió no comer y ahora que come, incluso de más, éstas se niegan a volver.
En fin…
La culpa me quedó y ahora no soporto no poder aprobar, no poder ser suficientemente buena. Una parte mía sabe (y ha comprobado) que “siendo” fuerte logro aprobar con notas altas, podría promocionar, pero… (Siempre hay un pero, frase cliché nunca mal empleada) no dejo de ser Paula. No dejo de ser esa chica que todo le duele un poco más que a los demás, demasiado sensible, demasiado tonta.
Si mis amigos se pelean conmigo, si la persona con la que estoy saliendo está molesta conmigo, si ese día mi mamá me gritó, entonces no logro entender nada de lo que estoy leyendo, las pocas neuronas que quedaron se cierran completamente. Me acuesto en la cama, me digo a mi misma que no tengo que llorar, que ya va a pasar, y me enojo por ser tan débil, por no poder dejar de lado esas situaciones y enfocarme todo lo que necesito. Como ya no me corto, entonces me rasguño, todos los brazos, las piernas, a veces la cara, sino está mi mamá grito contra la almohada, porque estoy furiosa conmigo misma, con todo, con todos. No, no lo hago siempre, no vivo lastimándome, pero guardo mucho, y cuando me canso de guardar, cuando la presión en el pecho ya no puede ser reprimida, entonces reviento.
Quiero dejar la facultad para dedicarme a mí misma, a dejar de ser tan inestable, a dedicarme a mis amigos a… ¿Tan estúpido suena dejar la facultad para que mis amigos no se enojen conmigo? Es que aunque tenga el apoyo de ellos, lo que yo cargo encima es el miedo de quedarme sola. De no tener a nadie y eso es algo que me produce mucho dolor todos los días. Porque no tener a nadie no significa quedarse solo, como un blanco o negro, como esto o aquello, significa que fui lo suficientemente desastre para no saber conservar amistades, que ni siquiera sirvo para eso. Significa que tengo que intentar hablarle a alguien y eso a mí me cuesta mucho, porque siempre estoy pensando en si les caigo mal, sino les caigo mal, si fui muy pelotuda, si me van a dejar de hablar ahora o dentro de tres meses. Significa que cuando quiera salir a algún lado no voy a tener a nadie, significan muchas cosas que pesan y mucho.
No, no quiero dejar la facultad, pero tampoco sé que hacer.
Porque también tengo que trabajar, porque de lo contrario soy una inútil y una larva y no hago nada, y vos te vas a ir con tu padre, y no te soporto, y ándate con tu padre (de nuevo). Y no tengo plata para salir, no tengo plata para darle a mamá así me deja de tirar a lo de mi papá, no tengo plata para ir a la facultad, porque hay que cargar la sube y si le pido a mi mamá tengo que escuchar el después me lo devolvés de mi mamá, que claramente significa “BUSCÁ TRABAJO”. Y yo tuve trabajo, dos veces, las dos veces lo dejé.
¿Por qué dejé el trabajo si soy irresponsable? Porque los dos eran trabajos de mierda, porque en el último era la única camarera del restaurante y estaba muy cansada de estar ocho horas trabajando para después tener que estudiar en algún momento del día e ir a la facultad, y quedarme dormida porque estaba muy cansada, y tener menos tiempo para ver a mis amigos, y que se enojen, y que se enoje mi mamá, y ponerme a llorar, y a que mi mamá no le importo si lloro cuando no tengo trabajo, pero si le importe cuando lo tengo y me diga “ya va a pasar”. Lo dejé porque me importa más estudiar, pero ahora me doy cuenta que tendría que estar priorizando ser un poco más estable. Estoy en el CBC, ni siquiera es la facultad propiamente dicha, ¿qué voy a hacer el próximo año? Seguramente pasarla como el orto o peor. Seguramente voy a seguir en el CBC, seguramente ni esté.
Porque soy tonta. Porque vivo cansada y con ganas de llorar. Porque todo me cuesta más. Porque todo me duele más. Porque no quiero quedarme sola. Porque soy una adolescente que se quedó en los 16 años. Porque me cuesta mucho ser responsable. Porque le busco demasiado el significado a todo. Porque le agrego drama a donde no debería haber. 


lunes, 15 de septiembre de 2014

Un poco de todo.

—Estamos tranquilos acá vos y yo.
—Si, es como si nunca hubiese pasado lo de...
—No lo digas, no importa.

Me miró un instante pero agachó la vista guardándose palabras en medio de la garganta, lo sabía por la manera en la cual tragaba saliva, como si le costara. No importaba cuántas veces me lo cuestionara, Augusto siempre seguiría siendo el de siempre. Y si bien no me gustaba su manera de hablarme, ni mucho menos de mirarme era sólo porque con todos los demás se comportaba de un modo distinto, mucho más peculiar, menos interesante, pero en especial más agradable y yo no lograba comprender, porque él mencionaba todas esas palabras maravillosas cuando hablaba conmigo y yo no entendía, no sabía comprender qué decía ni porqué. ¿Por qué hablaba así? ¿Por qué yo no entendía? Me sentía un imbécil pero uno no puede decir nada, no puede decir que se siente como un completo tarado, tampoco puede mencionar que cree que su amigo menciona palabras increíbles, y... mucho menos, que no las entiende.

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—¿No crees que es un poco tonto como se hablan todos en los libros? Como relatado.
—Si, si, usando palabras como las que acabás de decir... relatado.
—Perdón, no soy yo, ¿sabés?
—Si, si, lo sé.

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—¿Qué querés ser cuando seas grande?
—No quiero ser parte de ese "ser alguien en la vida."

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—Me gustás.

Cuando me lo dijo me quedé de pie mirándola sin creer, porque es allí donde la baja autoestima lo lleva a uno, a la desconfianza, al desconsuelo, al des--
Ella es todo menos des- es mucho más que eso, con ella las palabras no necesitan prefijo, porque todo tiene su significado tal cual es. Ella es mucho más que suspiros, que histeria, que locura incontrolable, que hormonas revueltas y besos mojados. Ella es una luciérnaga apagada, una planta sedienta, un sacapuntas oxidado. Ella no es tristeza, es contemplación y eso me hace amarla tanto que no puedo responderle, porque va más allá de mis sentidos y fuerzas. 
No se puede amar a alguien que busca más que ser correspondido.

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—¿Que querés ser cuando sea grande?

Te voy a decir que no quiero ser pero que quizás termine siendo, pero con mucha suerte a mi manera. No quiero vivir como si todos mis días fueran un lunes ni tampoco un domingo, no quiero llenar mi alma de amistades pasajeras ni tampoco confiarme de las duraderas. No quiero llevar conmigo amores de verano pero me aterra la idea de encadenarme a alguien que irremediablemente se irá. No, no quiero llevar bajo mi brazo un portafolios con palabras que ahora ni siquiera entiendo, pero tampoco vivir a la deriva, no me gusta el hippismo. ¿Sabés que no quiero? No quiero ser ni blanco, ni negro. No quiero ser ni vos, ni mamá, ni la tía, ni el abuelo, quiero ser yo pero que alguien quiera ser un poquito de mi. No quiero trabajar para respirar, quiero vivir y respirar y trabajar y estudiar y tener amigos, y poder hacer todo aquello que será muy difícil de tener a la vez. 

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—Te amo.
—Yo también te amo.




Soñé que estaba en la cima de un edificio enorme, a mis costados no tenía baranda alguna y en algún momento fue como si aquel suelo donde me encontraba fuese más chico que yo. Estaba acostada intentando aferrarme del piso lo más que podía, me arrastraba, mi necesidad por no abandonar nunca el piso me asustaba más de lo que ya estaba.