lunes, 10 de diciembre de 2018

Nunca voy a llegar a ningún lado, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca.

jueves, 4 de octubre de 2018

El no, el quizás, pero nunca el si.


La incógnita, el porqué y sus faltas de respuesta, el no, el quizás, pero nunca el si. La mirada, el asombro, la inquietud, el sudor frío que recorre la frente y dice más de lo que uno quisiera. El “no puede ser” que es una realidad. ¿Por qué descartar posibilidades de un accionar visible?
Para Federico es, mal dicho, natural las infinitas preguntas que brotan imparables en su mente. Pasa demasiado tiempo preguntándose cuál es la manera indicada de hablarle a la cajera que está por atenderlo en el supermercado. A veces no se puede ser autosuficiente, a veces hay que hacer contacto con el otro que uno no conoce y eso lo aterra. Tiene que estar preparado para todo. Pensar demasiado le lleva demasiado tiempo.
Y ahora está frente a Julián, o al menos eso dice la etiqueta de su guardapolvo. Julián trabaja de lunes a domingos con turnos rotativos (no quiere ser raro, no es que estuvo espiándolo, es que piensa, piensa tanto).
La Rue de Seine es un café que se encuentra en frente de su casa y, luego de cuatro años viviendo en el mismo departamento, había decidido pasar por allí cuando su cafetera se había roto. Era increíble, pensaba distraídamente (pero no demasiado), cómo las circunstancias extremas (adjetivo subjetivo) lo llevan a uno a salir de su zona de comfort. La vida de Federico, fuera de su casa, se resumía al trabajo y nada más. Las mismas calles eran transitadas por su persona una y otra y otra y otra vez, cada día sin falta. No salía porque salir implicaba pensar de más y pensar llevaba consigo un cansancio mental que a veces era demasiado para procesar. Estaba consciente de que no era sano vivir así, no le hacía bien. No estaba cómodo, estaba escapando. Vivir se sentía como rasguñar cada pedazo de esperanza a poder estar mejor.
El no, el quizás, pero nunca el sí.
Cuando salió a comprar café y entró, por primera vez a La Rue de Seine, sintió su corazón latir demasiado fuerte y el sudor exasperante filtrarse por sus poros. Había demasiada gente, demasiado ruido. Quizás lo mejor--- No, necesitaba tomar café, necesitaba la seguridad, el ejemplo válido y subjetivo (siempre esa palabra) que le hiciera sentir que su habitación no era tan fría, tan solitaria. Algo cálido entre sus manos recordándole…
¿Necesita ayuda con algo? — Le había dicho una joven alta, de cabello color miel y ojos como dos fieras a punto de atacar.
Tragó en seco, quizás no estaba listo y se había precipitado demasiado en tomar la decisión de cambiar el rumbo habitual.
Estoy viendo, gracias.
Había respondido entonces él, intentando sonar normal. Entonces la joven le había sonreído, como distraída, asintiendo la cabeza mientras lo hacía y se retiró a limpiar las mesas cercanas a la ventana.
Aquel gesto lo había tranquilizado, demasiado y no le gustaba. No le atraía la noción de que, en verdad, estaba demasiado desprotegido sin las costumbres y sin los pasos correspondientes.
Y sin embargo ahora
el estar
el pararse a afrontar un sentimiento
de pie frente a Julián, a punto de actuar fuera de lo común.
Porque los ojos cálidos de Julián le sonríen cuando le habla, le pregunta sobre sus intereses, sus hobbies, su trabajo, su vida (e ignoraba sin inconvenientes a su jefa, que le pedía que siguiera atendiendo al resto de la fila, que no se atrasara).
Habían pasado cinco meses desde que había ido por primera vez al café o, para decirlo de otra manera, la primera vez en muchos años que mantenía una conversación fuera de lo habitual, porque Federico no tenía amigos y su trabajo consistía en hablar lo justo y necesario. No estaba acostumbrado al movimiento de labios ajenos dirigidos hacia él y sus propios respondiendo sin desgana.
Sus piernas comenzaron a temblar.
¿Estás bien?
Julián se había acercado y lo miraba preocupado, era probable que su rostro estuviese pálido, sudoroso, que se notara el temblor de sus piernas. El estar consciente sobre el saber del otro empeoró su estado.
¿Fede?
Fede.
No Federico. Fede.
Tranquilizate.
Asintió con la cabeza y se retiró sin decir nada más, dejando a Julián anonado, intranquilo, atemorizado no por él, sino por Federico.
El no, el quizás, pero nunca el si.
Definitivamente nunca el si.


lunes, 1 de octubre de 2018

1#

Ojos color primavera porque en ellos se refleja cada flor, cada rayo de luz, cada rostro, cada sonrisa, cada llanto que alguna vez se coló en su mirada; porque nadie ve que siempre hay seres cansados, miradas que aguantan lágrimas y almas en alguna esquina ignorando, por un segundo, que no están solas y lloran, lloran, lloran. 
Ojos color primavera que olvida sus propios problemas, demasiado ocupada en ver a los demás para verse a sí misma. 
Se ve como si danzara entre aquello que no le pertenece, o al menos así luce mientras sus brazos de abren delicadamente para ofrecer un abrazo, o sus dedos tipean con prolijidad de izquierda a derecha y viceversa, para darle consuelo a alguien que no está a su lado.
Pero bailar cansa y cuando llega la noche se acuesta en su cama, agotada pero no puede descansar, sus ojos están cerrados pero su mente demasiado despierta. Piensa, piensa y piensa. ¿Qué puedo hacer para hacerlos sentir mejor? 
No estoy haciendo suficiente, 
en realidad no estoy haciendo nada,
pero no es mi trabajo, 
no
es
mi
No puede dormir, no puede hacer nada, pero está dispuesta a entregarse durante un tiempo más.

martes, 4 de septiembre de 2018

Nadar.

No aguanto más. Nado y no hay orilla cerca. Nado y nado y de a poco me voy quedando sin aire. Nado y me desespero porque necesito descansar. Pero no lo encuentro. Estoy nadando hace demasiado tiempo y me pregunto hasta cuándo mi cuerpo lo va a soportar. A veces encuentro una tabla de madera y me sostengo, tomo aire, puedo volver a respirar y espero no hundirme con ella mientras deseo fuertemente quedarme así un rato más. Aunque no me pueda escuchar, le pido de todas maneras que no se vaya y me aferro porque es lo único que tengo. Tengo miedo de perderla, de distraerme y no notarla más entre mis manos, ¿que haría sin ella?
Y no obstante cuando parece ir bien, cuando me hago la idea de que quizás esa tabla me pueda ayudar a soportar más tiempo, una ola me la saca de las manos y la pierdo. Tengo que volver a nadar. Siempre es igual, siempre ha sido igual. Pero el tema es que me cansé de encontrar tablas que sólo me van a servir momentáneamente y me pregunto si no es mejor dejar de esforzarme por encontrar la tan deseada tierra. No tengo a nadie a quien preguntarle si lo que pienso está bien y nadie que me va a extrañar. El cielo me distrae por unos segundos. Se ve tan libre... Tan...
Quizás sea mejor dejar de nadar.

sábado, 4 de agosto de 2018

x

No hay nada que pueda hacer ni decir, al menos no por ahora. Julián se fue dejándola completamente desolada, angustiada, con un nudo en la garganta que probablemente desaparezca cuando él vuelva.
(¿Volverá?)
Afuera el sol desea colarse por su ventana por los escasos lugares que la cortina no logra tapar, pero ni siquiera le importa, ni un poco. Acostada en su cama piensa, una y otra vez, qué es lo que pudo haber hecho para que las cosas resulten diferentes. ¿Pero acaso importa? ¿Ahora? ¿Después de todo lo que ha sucedido? También podría pensar en qué hacer para intentar recuperarlo o en qué hacer cuando él vuelva, porque tiene que volver, ¿verdad? No puede dejarla así.
Probablemente a él no le importa cómo está ella, ya no más. Y mientras piensa en esto sus pensamientos comienzan a tejer ideas, sueños, recuerdos y ahora está de pie en la cocina de su casa, con Julián a su lado, sonriendo despreocupado mientras se sirve en un bowl enorme cereales con yogurt de durazno, algo que sólo a él le gustaba probablemente. Recuerda habérselo dicho. Recuerda también como Julián tomó su cara para darle un beso, obligándola a degustar el durazno que tanto odiaba. Pero la escena desaparece y ahora están peleando, el peluche que alguna vez le regaló tirado sobre el piso luego de habérselo tirado contra el rostro con el grito de “¡Te odio! ¡Te odio!”. Julián se fue pero volvió a la noche, pidiendo perdón. No debió haber hablado con otra. Pero no es tan fácil perdonar, ¿quién cree que los problemas desaparecen de forma tan fácil? Nadie. Se aguantó las ganas de revisar su celular, su computadora, de preguntarle a dónde había ido, pero la angustia la estaba envenenando de a poco; entonces un día, cuando pensó que era momento de dejar el pasado donde pertenecía, Julián se lo dijo.
—No te amo más.
Pero si a Marina.
Marina tiene un pelo castaño largo y brilloso. Lucía, en cambio, pelo negro, opaco, corto. Marina es dulce, graciosa, incapaz de comprender la tristeza. Lucía sufre de depresión. Marina es alta, agraciada y Lucía…
Lucía
Lucía
Lucía
Julián.

Quizás podría haber pensando las cosas de diferente modo, pero cuando la inseguridad te atormenta la mente, es muy fácil que el autoestima decaiga, logrando que el amor propio se desvanezca y las preguntas aparezcan sin pavor, sin culpa, sin absolutamente nada de culpa.
Soy yo. Porque soy fea, porque tengo el pelo corto, porque no soy suficiente, porque nunca voy a ser suficiente. Porque no importa cuánto me esfuerce nunca lo es. Porque estoy rota, dañada. Porque, porque, porque…
En aquel momento Lucía debería haber pensado que son cosas que pasan, por un lado, y que alguien que no la valora lo suficiente para no haberle dicho desde el primer momento que ya no la amaba no la merecía. Se merecía algo mucho más.
Pero es difícil creer en ese algo más cuando te sentís tan poco.
Entonces ahora piensa, una y otra vez en qué podría haber hecho para que las cosas sucedieran de otra manera, sin darse cuenta que pensando en su pasado estaba enterrando su futuro.

martes, 10 de octubre de 2017

Manual de cómo pasarla como el orto

Nunca nada es justo. 
Siempre pensé que mis problemas habían iniciado con mis doce años y ese chico que tanto me gustaba. Fue una estupidés, realmente, le comenté que quería comer chocolate y él me dijo "Ah, re gorda" y me puse mal, dejé de comer y desde ese momento -hasta el día de hoy- empezaron mis problemas alimenticios. Ah que gorda, fue una expresión, pero para mi significó todo, porque en ese momento ese chico hablaba con la que era mi mejor amiga, una chica que siempre consideré perfecta. Aún con doce años ella tenía un cuerpo envidiable, hermosa, divertida, a todos los chicos les gustaba y después estaba yo. Yo que me sentía fea, que no sabía hablar, que me daba todo mucha vergüenza. Y yo no quería ser gorda porque ella no era gorda y yo tenía que ser mejor que ella. ¿Se entiende? Pensé que mis problemas habían empezado ahí pero en realidad empezaron mucho antes porque nadie puede ponerse mal por un Ah, re gorda sin tener problemas de por medio. ¿Todas las chicas de 12 años se comparan o era yo nomás? 
Desde que tengo uso de memoria siempre fui frágil. Lloraba por todo al punto que se burlaban de mi y también me usaban para hacerme llorar. Era amiga de una chica que cuando se le ocurría decirme "no sos más mi amiga" yo me ponía a llorar hasta que le dije que no, que no me importaba y dejó de molestarme. Cuando en segundo grado se hacían dos grupos y tenías que elegir yo no elegía a ninguna, decía que todas teníamos que ser amigas y entonces nadie me hablaba y yo me ponía a llorar.
Yo lloraba siempre y hasta el día de hoy lloro. Lloro mucho y a veces lloro tanto que me agarro de los pelos mientras me cuesta respirar y pienso que soy inútil, que nadie me quiere ni nunca me va a querer, que si alguien me quisiera me buscaría y mientras tanto no le hablo a nadie porque no tener relaciones con las personas me permite no terminar como el orto. 
Y no, no lo saco de una película, ojalá mi vida fuera una película de hollywood donde al final todo va a terminar bien, pero es más bien una película independiente con bajo presupuesto dirigida por un wannabe de Tarantino que en vez de exagerar sangre, exagera mi depresión. 
La cuestión es simple, a veces les hablo a mis amigos y los molesto porque no es la primera ni la segunda ni tampoco la tercera vez que les hablo de lo mismo. Otras veces ni siquiera me responden. Y a veces me responden porque tienen qué, porque no les queda otra. Y yo prefiero no molestar o no sentirme mal porque no me respondieron. 
A veces me siento tan mal que hago planes de cómo podría suicidarme pero termino siempre en lo mismo: No quiero matarme, sólo estar bien. Otras veces me pongo a llorar y me siento un ser inútil porque no quiero llorar, porque lloro mucho y me harta siempre llegar a lo mismo. Otras veces siento mucho calor y me sudan las manos y me duele el estómago y me mareo y me tengo que sentar porque siento que no puedo más. Pero a veces cuando estoy mal me cago de risa mientras siento un vacío en el pecho y pienso que porqué, porqué ahora, ¿no se supone que estoy con amigos, qué soy feliz? Al parecer no es suficiente.
En mi vida nada es suficiente. 
Probablemente en la vida de alguien más tampoco, porque el ser humano tiene eso de querer siempre más, pero mucha gente me dice que el apoyo del resto los ayuda a no sentirse tan como el orto y yo no sé. Los videojuegos me producen la misma sensación que estar hablando o riendo con alguien, también leer un libro o estar abrazada con cualquier persona. La angustia va a aparecer y no me va a preguntar si es el momento indicado. Se instala y me arruina el día. 
Y a mi ya me está arruinando la vida.

"Yo puedo tener amigos/trabajo/estudiar/pareja estando deprimido!" Y me alegro muchísimo, en serio, de corazón pero que vos puedas no significa que yo también. Es decir, trabajar sí, por ahora (aunque ya he faltado muchas veces) ¿pero amigos? ¿mantener una relación con alguien? A mi me cuesta porque se me mezcla el desear morir con cualquier relación.

También me enojo mucho. No encuentro una lapicera y me pongo a llorar y me enojo, ¿¡CÓMO PUEDO HABER PERDIDO LA LAPICERA!? Me culpo y es re estúpido, la manera en la cual se me llenan los ojos de lágrimas por haber perdido una lapicera, pero para mi esa lapicera, ese algo que perdí significa que no sirvo para nada y muchas cosas más. No sé. Dudo que alguien lo entienda o quizás soy yo quien tiene que entender que no es para tanto (¿pero cómo se lo hago saber a mi cabeza?)

A veces me gustaría decirle a alguien que me siento mal y entiendan cada parte de lo que eso significa, pero probablemente nunca entiendan y nunca nadie entienda y está bien, aunque sea un poco aunque lo único que desearía de que entiendan lo que es sentirse mal es que no esperen respuestas al minuto o respuestas para nada, ni palabras de amor, ni paciencia, ni nada. No quiero que la gente espere nada de mi porque en realidad no puedo comprometerme a ese nivel. 

Estaría bueno desaparecer. 

lunes, 17 de abril de 2017

Hoy de nuevo no fui a inglés. Me siento completamente desorganizada y, en consecuencia, una fracasada. No solo tenía que ir a inglés, sino que además había quedado con una amiga en vernos, una amiga que no veo desde febrero y -como si fuese poco- buscar unos apuntes para comenzar a estudiar gramática.
Siento-- no, sé que hago todo mal y cuando quiero empezar a hacer las cosas bien, cuando siento que hay esperanza, las cosas comienzan a salir mal de nuevo. No lo hago apropósito, en serio, pero la angustia me es tan catastrófica que no puedo hacer nada con mi vida más que hundirme en la tristeza, acostarme en la cama y esperar que mañana las cosas van a estar mejor.
Quiero cortar con mi novio porque no me siento emocionalmente estable, sé que no lo estoy, y entonces quiero cortar, quiero abandonar todo lazo que me una a alguien para poder irme a donde yo quiera, para no soportar discusiones, para no tener que extrañar, para-- realmente no sé qué quiero, ni qué busco, quiero hacer la mía sin lastimar a nadie y estar en una relación, comprometerme con alguien, me lo impide.
¿Soy capaz de estudiar? No lo sé, me pregunto esto y se me llena el pecho de angustia porque recuerdo que no es una simple pregunta, que no se trata de sentarme y hacer resúmenes y estudiar; se trata de que no tengo  el tiempo, que no consigo trabajo (un solo trabajo), que ojalá pudiera elegir entre estudiar o trabajar pero resulta que tengo que hacer ambas y ambas las hago mal.
¿Tendría que abandonar hasta que las cosas se calmen? Ojalá pudiera decir que sí, pero tengo mucho miedo de abandonar para siempre y porque odio tener que abandonar, verbo que se incrusta en mi cerebro y me impide sentirme bien. Abandonar completamente es peor que lo que estoy haciendo ahora, porque significa que ni siquiera lo intenté.
¿Quiero vivir? Si, quiero hacerlo, pero no como estoy viviendo ahora.
Y es tan triste, tan tan tan triste, que no quiero saber nada con nada. Todo me parece banal. La gente comenta, la gente habla, la gente juzga, quiero abandonar completamente todo lo que está sucediendo en mi mundo.
Siento que no estoy haciendo nada con mi vida.