martes, 11 de noviembre de 2014

La mirada.




Mirar a los ojos sirve para intentar comprender a una persona, 
[o quizás solo para mirar
para perderse en ese mar infinito de respiraciones y pensamientos acalorados]
es esforzarse a descifrar y encontrar todos los fragmentos que han quedado de ella sin resolver, aprender sus miedos para no cometerlos, las gracias que lo han marcado, las tristezas que no ha dejado y los horas que por su cuerpo han pasado. 
El premio que se obtiene tras minutos u horas de intensiva mirada es, a veces, una lágrima, diversos datos, un cierre de ojos y, en los casos donde la mirada ha penetrado con amor y dedicación, se obtiene una sonrisa, mínima, y, si se tiene suerte depende el caso, un beso. Y este beso será diferente, estará acompañado de una presión en el pecho que provoca una sensación de calor que hace querer decir muchas cosas, muchísimas, pero las palabras no bastan. Nunca bastarán ni tampoco se logrará inventarlas para lograr tal cometido.
Mirar a los ojos se trata de un acto íntimo, compartirlo con un desconocido no lograría comprender la verdadera naturaleza del ejercicio. Uno no podría entender que detrás de esos ojos, compuestos por iris y pupilas y colores maravillosos y extraños, hay todo un mundo por conocer. 
Si tenemos suerte, tendremos toda una vida para observarlos. 

lunes, 6 de octubre de 2014

—Well, you know, I guess it's 'cause... I was sitting in a deli and reading Dorian Gray and a guy comes up to me and asked me about it and... now he's my husband.
—Yeah, and so?
—So, what if I'd gone to the movies? What if I had gone somewhere else for lunch? What if I'd gotten there 10 minutes later? It was- It was meant to be.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Dejar la facultad.

Este es un descargo que me encuentro planeando hacer desde hace semanas y que postergué durante tanto tiempo ‘gracias’ a que me cuesta tanto enfrentar las cosas. Porque escribir lo que a uno le sucede es una manera de aceptar, de poner las cartas sobre las mesas, el primer paso para comenzar a hacer algo al respecto… porque sentarse a pensar lo que está sucediendo ya es una manera de hacerse cargo. Y eso es algo que me cuesta mucho. Discutir con la gente me pone nerviosa, termino dándole la razón en cosas que no sólo para que me dejen de gritar, dejen de pelearme, dejen de hacer todo eso que tanto me molesta. No enfrentar es también reprimir, saber que está ahí pero pretender que no. Dejar el trabajo simplemente no yendo más y no atendiendo el teléfono me resultó más fácil que simplemente ir a hablar las cosas.
Mi problema estaría siendo no poder dejar de pensar en dejar la facultad. Con tan solo pensarlo me niego rotundamente, porque más que sacarme un peso de encima, me agregaría uno mucho más grande.
Soy una persona que no soporta sentirse inútil. Sé que lo soy, cada vez me convenzo más que no me da la cabeza, que esto no es lo mío, que soy un desastre, que… La lista sigue, sigue y sigue. Sacarme un cuatro es un recordatorio permanente de que soy inútil, que no me da la cabeza, alimenta el peso que llevo encima de mí desde hace tiempo.
Esto no viene pasando desde que empecé la facultad, lo tuve siempre. Siempre tener que sacarme buenas notas porque reprobar significaba lo peor del mundo porque mi mamá venía y me hacía sentir mal. Yo hija modelo. Paula, la que nunca se llevó una materia hasta que estuvo en cuarto año, donde casi tiene un colapso mental y rompió con la tradición. Mi mamá contaba que me había llevado materias con tono de disculpa, su hija no había sido lo suficientemente buena. Su hija no come. Su hija se corta. Su hija llora todo el tiempo. Su hija se ve gorda. En lo único que podía sentirse orgullosa su hija lo volvió a arruinar.
Paula es tonta.
A Paula no le da la cabeza.
A Paula se le quemaron las neuronas todas esas veces que prefirió no comer y ahora que come, incluso de más, éstas se niegan a volver.
En fin…
La culpa me quedó y ahora no soporto no poder aprobar, no poder ser suficientemente buena. Una parte mía sabe (y ha comprobado) que “siendo” fuerte logro aprobar con notas altas, podría promocionar, pero… (Siempre hay un pero, frase cliché nunca mal empleada) no dejo de ser Paula. No dejo de ser esa chica que todo le duele un poco más que a los demás, demasiado sensible, demasiado tonta.
Si mis amigos se pelean conmigo, si la persona con la que estoy saliendo está molesta conmigo, si ese día mi mamá me gritó, entonces no logro entender nada de lo que estoy leyendo, las pocas neuronas que quedaron se cierran completamente. Me acuesto en la cama, me digo a mi misma que no tengo que llorar, que ya va a pasar, y me enojo por ser tan débil, por no poder dejar de lado esas situaciones y enfocarme todo lo que necesito. Como ya no me corto, entonces me rasguño, todos los brazos, las piernas, a veces la cara, sino está mi mamá grito contra la almohada, porque estoy furiosa conmigo misma, con todo, con todos. No, no lo hago siempre, no vivo lastimándome, pero guardo mucho, y cuando me canso de guardar, cuando la presión en el pecho ya no puede ser reprimida, entonces reviento.
Quiero dejar la facultad para dedicarme a mí misma, a dejar de ser tan inestable, a dedicarme a mis amigos a… ¿Tan estúpido suena dejar la facultad para que mis amigos no se enojen conmigo? Es que aunque tenga el apoyo de ellos, lo que yo cargo encima es el miedo de quedarme sola. De no tener a nadie y eso es algo que me produce mucho dolor todos los días. Porque no tener a nadie no significa quedarse solo, como un blanco o negro, como esto o aquello, significa que fui lo suficientemente desastre para no saber conservar amistades, que ni siquiera sirvo para eso. Significa que tengo que intentar hablarle a alguien y eso a mí me cuesta mucho, porque siempre estoy pensando en si les caigo mal, sino les caigo mal, si fui muy pelotuda, si me van a dejar de hablar ahora o dentro de tres meses. Significa que cuando quiera salir a algún lado no voy a tener a nadie, significan muchas cosas que pesan y mucho.
No, no quiero dejar la facultad, pero tampoco sé que hacer.
Porque también tengo que trabajar, porque de lo contrario soy una inútil y una larva y no hago nada, y vos te vas a ir con tu padre, y no te soporto, y ándate con tu padre (de nuevo). Y no tengo plata para salir, no tengo plata para darle a mamá así me deja de tirar a lo de mi papá, no tengo plata para ir a la facultad, porque hay que cargar la sube y si le pido a mi mamá tengo que escuchar el después me lo devolvés de mi mamá, que claramente significa “BUSCÁ TRABAJO”. Y yo tuve trabajo, dos veces, las dos veces lo dejé.
¿Por qué dejé el trabajo si soy irresponsable? Porque los dos eran trabajos de mierda, porque en el último era la única camarera del restaurante y estaba muy cansada de estar ocho horas trabajando para después tener que estudiar en algún momento del día e ir a la facultad, y quedarme dormida porque estaba muy cansada, y tener menos tiempo para ver a mis amigos, y que se enojen, y que se enoje mi mamá, y ponerme a llorar, y a que mi mamá no le importo si lloro cuando no tengo trabajo, pero si le importe cuando lo tengo y me diga “ya va a pasar”. Lo dejé porque me importa más estudiar, pero ahora me doy cuenta que tendría que estar priorizando ser un poco más estable. Estoy en el CBC, ni siquiera es la facultad propiamente dicha, ¿qué voy a hacer el próximo año? Seguramente pasarla como el orto o peor. Seguramente voy a seguir en el CBC, seguramente ni esté.
Porque soy tonta. Porque vivo cansada y con ganas de llorar. Porque todo me cuesta más. Porque todo me duele más. Porque no quiero quedarme sola. Porque soy una adolescente que se quedó en los 16 años. Porque me cuesta mucho ser responsable. Porque le busco demasiado el significado a todo. Porque le agrego drama a donde no debería haber. 


lunes, 15 de septiembre de 2014

Un poco de todo.

—Estamos tranquilos acá vos y yo.
—Si, es como si nunca hubiese pasado lo de...
—No lo digas, no importa.

Me miró un instante pero agachó la vista guardándose palabras en medio de la garganta, lo sabía por la manera en la cual tragaba saliva, como si le costara. No importaba cuántas veces me lo cuestionara, Augusto siempre seguiría siendo el de siempre. Y si bien no me gustaba su manera de hablarme, ni mucho menos de mirarme era sólo porque con todos los demás se comportaba de un modo distinto, mucho más peculiar, menos interesante, pero en especial más agradable y yo no lograba comprender, porque él mencionaba todas esas palabras maravillosas cuando hablaba conmigo y yo no entendía, no sabía comprender qué decía ni porqué. ¿Por qué hablaba así? ¿Por qué yo no entendía? Me sentía un imbécil pero uno no puede decir nada, no puede decir que se siente como un completo tarado, tampoco puede mencionar que cree que su amigo menciona palabras increíbles, y... mucho menos, que no las entiende.

• • •

—¿No crees que es un poco tonto como se hablan todos en los libros? Como relatado.
—Si, si, usando palabras como las que acabás de decir... relatado.
—Perdón, no soy yo, ¿sabés?
—Si, si, lo sé.

• • •
—¿Qué querés ser cuando seas grande?
—No quiero ser parte de ese "ser alguien en la vida."

• • •
—Me gustás.

Cuando me lo dijo me quedé de pie mirándola sin creer, porque es allí donde la baja autoestima lo lleva a uno, a la desconfianza, al desconsuelo, al des--
Ella es todo menos des- es mucho más que eso, con ella las palabras no necesitan prefijo, porque todo tiene su significado tal cual es. Ella es mucho más que suspiros, que histeria, que locura incontrolable, que hormonas revueltas y besos mojados. Ella es una luciérnaga apagada, una planta sedienta, un sacapuntas oxidado. Ella no es tristeza, es contemplación y eso me hace amarla tanto que no puedo responderle, porque va más allá de mis sentidos y fuerzas. 
No se puede amar a alguien que busca más que ser correspondido.

• • •

—¿Que querés ser cuando sea grande?

Te voy a decir que no quiero ser pero que quizás termine siendo, pero con mucha suerte a mi manera. No quiero vivir como si todos mis días fueran un lunes ni tampoco un domingo, no quiero llenar mi alma de amistades pasajeras ni tampoco confiarme de las duraderas. No quiero llevar conmigo amores de verano pero me aterra la idea de encadenarme a alguien que irremediablemente se irá. No, no quiero llevar bajo mi brazo un portafolios con palabras que ahora ni siquiera entiendo, pero tampoco vivir a la deriva, no me gusta el hippismo. ¿Sabés que no quiero? No quiero ser ni blanco, ni negro. No quiero ser ni vos, ni mamá, ni la tía, ni el abuelo, quiero ser yo pero que alguien quiera ser un poquito de mi. No quiero trabajar para respirar, quiero vivir y respirar y trabajar y estudiar y tener amigos, y poder hacer todo aquello que será muy difícil de tener a la vez. 

• • •

—Te amo.
—Yo también te amo.




Soñé que estaba en la cima de un edificio enorme, a mis costados no tenía baranda alguna y en algún momento fue como si aquel suelo donde me encontraba fuese más chico que yo. Estaba acostada intentando aferrarme del piso lo más que podía, me arrastraba, mi necesidad por no abandonar nunca el piso me asustaba más de lo que ya estaba.

jueves, 31 de julio de 2014

Cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad.

—Siempre lo mismo con vos, siempre poniéndote en pedo y diciéndome cosas que después no querés encarar.
—¿Por qué querés que las “encare”, eh? ¿Qué te importa a vos lo que tengo para decir?
—No tiene nada que ver con eso, me da bronca que no quieras hacerte cargo de lo que hacés. Después yo tengo que ser el pelotudo que se tiene que quedar callado y hacer que está todo bien.
—Y si, son cosas que digo cuando no estoy bien, ¿y? ¿por qué te importa? Dale, respóndeme y, ah, no, no, no, no me vengas con esas boludeces de suspirar como si estuvieses harto.
—Es que estoy—
—No. Respondeme.
—¿Y por qué querés que te responda, eh?
—Volvemos siempre a la misma mierda vos y yo.
—Si. Por eso te digo, no vale la pena, ya fue.
—Si, ya fue.
*
—Nunca me hablás vos, eh.
—No digas boludeces —Se rio un poco antes de responderme, ni siquiera atreviéndose a mirarme a los ojos. Pelotudo—. A veces estoy en otra.
—¿Sabés cuando NO estás en otra? Cuando me mandás mensajes para que cojamos.
—Nunca te mandé un mensaje para—
—“Che, ¿nos juntamos a estudiar un rato?” déjate de joder, pelotudo.
—Vos decís que sí, no se de que te quejás, yo nunca te violé.
—No te rías. No te digo que no cojamos, digo que no me dejes de hablar por meses y acordarte de mi cuando querés coger.
—Bue, no es así.
—Es así, no seas hijo de puta, imbécil.
*
—¿Podés responderme cuando hablo?
Pasaron diez minutos hasta que volvió a dejar de responder.
—Andate a la concha de tu hermana, forro de mierda.
*
—Y QUE ONDAAAAAAA.
—¿Qué pasa?
—Nada, ¿todo bien?
—No muy bien, ¿vos?
—Nada, estuve con mi novio todo el día, es un amor, lo re amo. Es más el otro día…
—Sos una pelotuda de mierda, siempre me hablás de tus mierdas y cuando te hablo yo no me das pelota andá a cagar, fracasada.
*
—¿Che, que te pasa?
Lo miré apenas una vez, no valía la pena, no era como si contar ayudara.
—Decime…
—Nada. No pasa nada.
—Dale, no seas así.

—¿Qué no sea así? ¿Qué vas a hacer vos, eh, pelotudo? ¿Me vas a arreglar la vida? ¿Me vas a dar ganas de levantarme todos los días  a enfrentar una vida que nunca pedí tener? Tengo un pelotudo de mierda que me habla para coger, otro pelotudo que sigo teniendo en la cabeza vaya a saber uno porqué porque no significó nada en mi vida, otro IDIOTA DE MIERDA que no se quien es, no lo se, pero tengo ganas de putear mucha gente y eso voy a hacer, aunque sean idiotas inventados entendés, porque estoy llena de mierda, de odio. Tengo ganas de agarrar una bomba y hacerla explotar en un hospital, de agarrar perritos y patearlos. Me tienen harta, todos, me tienen harta las situaciones incómodas, no poder encontrar a nadie, no querer a nadie, no poder comunicarme, que mi madre sea una ignorante, que mis amigos prefieran dejarme de lado. Odio todo eso. ¿Y vos lo vas a solucionar? No creo, así que no me rompas las pelotas, chau, nos vimos.

miércoles, 16 de julio de 2014

.

No queda otra que decir que la gente es incapaz de seguir con su vida después de coger con un amigo/conocido. No hacen más que abrir una brecha en lo que podía llegar a ser una amistad o empezar a excavar un hoyo en donde ya la había. Muchas gracias por utilizarme como un objeto, porque después de eso no puedo más que pensar que eso es lo que soy. Termino comportándome como los demás con respeto al tema porque eso es lo que terminan provocando en mi sus indiferencias.

sábado, 21 de junio de 2014

There's too much green to feel blue.

Escribir siempre me ayudó, funciona siempre y cuando mi cabeza esté preparada y tenga al menos algunos puntos claves que quiera expresar. A veces está todo un hecho un lío y no se donde empezar y me estreso, y me canso y me dan ganas de mandar todo a la mierda, porque no puedo recurrir a la escritura ya que no se qué escribir exactamente. Y el tema es que... no tengo ganas, de nada. Ni siquiera de estar escribiendo esto ahora mismo. 
No tengo ganas de seguir viviendo, no tengo ganas tampoco de seguir sintiéndome así de triste, ni de estudiar, ni de dejar de estudiar. Quiero entrar a la carrera pero no soy capaz de concentrarme. Tengo que conseguir trabajo y eso me deprime porque no hay ningún lugar donde me llamen. No puedo mantener relaciones, y me cuesta ya de por si las amistades. No logro bajar de peso porque al ser mi vida un caos, no puedo concentrarme en comer saludable y bien. 
Así que básicamente estoy sintiéndome fea, siendo gorda y demostrando que no soy capaz de cumplir mis objetivos. Con ganas de llorar todo el tiempo, con las lágrimas a punto de caer en cualquier momento, pero impidiéndome a mi misma hacerlo, porque ya sería demasiado. No puedo más.
No me siento cómoda en mi propia casa, ni tampoco saliendo. No tengo ganas de comer pero lo hago de todos modos en un vano intento de sentirme mejor. 

viernes, 6 de junio de 2014

viajes

necesito poder descansar de todo lo que me esta pasando. necesito poder respirar. por un momento, mientras viajaba, creí que podía hacerlo... creí que iba a abrir los ojos y todo iba a estar mejor -que me sentía mejor
si solo pudiera cerrar los ojos y que todo lo malo pase

jueves, 5 de junio de 2014

se me están cerando las paredes y junto con ello mis intentos de respirar, estoy ahogada en penas y desaparecieron mis ganas de volver a empezar, no encuentro otra salida pues la única visible es la de no aparecer nunca más y aquellas que están fuera de mi rango las debería haber tomado mucho tiempo atrás. estoy volviendo a cometer errores, los mismos de siempre y más, estoy volviendo a contar para atrás. estoy volviendo a buscarte, estoy volviendo a hacerme mal, estoy volviendo a hacer muchas cosas que me hacían mal. y no hay ayuda y no siento el amor, y no hay nadie a quien parezca importarle que yo mañana pudiera morir, y sino me importa a mi porque duele tanto que no le importe a los demás y capaz, solo capaz, porque eso signifique, eso ratifique que nadie me quiere en verdad. y estoy sola y lo confirman mis respiraciones, y estoy sola y lo confirma mi tatuaje en vano, y estoy sola y no se donde estoy, y no lo se porque estoy sola.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Paradojas.



Me descubriste. Soy vos pero a la vez no. Soy tu reflejo, veo tu dolor y lo expreso, pero no lo siento. Modulo con mi boca tus palabras, pero es de tus labios de donde nace el sonido. Soy y no soy. Cuando la trajiste a casa me miraste durante unos segundos mientras las besabas y notaste que me veía cansado, aunque el cansado eras vos. Viste las ojeras, recordaste las lágrimas de temprano, pero cerraste los ojos para no ver y entonces yo no fui capaz de continuar husmeando. Sólo aparezco cuando vos estás y desaparezco cuando vos seguís viviendo. El humo del cigarrillo impacta contra mi rostro cuando estás frente a mi, pero no es capaz de dañarme y estoy lejos de olerlo, en cambio vos... estás perdido, está en tus pulmones que a su vez son mis pulmones. 
Ah. Finalmente estoy despierto. Miro el espejo y se que toda pesadilla es, a su vez, una realidad. ¿Acaso el espejo siente la falta de amor que reina en mi cuerpo? Seguramente, sino no me estaría mirando con tristeza. Yo lo estoy mirando con tristeza porque se que somos uno y entonces todo mi dolor se transmite hacia él. En cierto modo lo envidio porque él solo es mi reflejo físico, no sentimental. Yo quiero ser aquel que no siente, aquel que solo mira.
Prendo un cigarrillo, siento como me mata por dentro y entonces lo fumo con más ganas.
Mi hermana tiene cáncer (quizás) y Natalia me dejó hace unas horas. Quiero llamarla y mandarla a la mierda pero no soy capaz, una parte mía me grita (si, me grita, el espejo lo nota, se quiere tapar los oídos, cierra los ojos unos segundos, respira) que no es ese el problema, es más profundo que eso y–y yo no tengo tiempo de ser mi propio psicólogo.
¿Mi hermana tiene cáncer? Imposible. No. De todas maneras no siento que me importa, la sangre no es más que eso... sangre. Hay muchas personas allí afuera con mi mismo tipo de sangre y sin embargo puede pasarle un tren por encima que yo voy a seguir fumando tranquilo, porque no me importan. Que sea mi hermana significa que hemos pasado muchas cosas juntos, pero la mayoría son una mierda, entonces tampoco me debería importar. Y sin embargo estoy pensando en eso.
Natalia me dejó. "Ya no puedo más" está bien, amor, vos no podés más, yo tampoco. La llamé a Camila, la vi, casi cogemos–casi. No quise, ah, no, no, no por vos... sino porque estaba molesto, por mi hermana, igual no me importa, pero en ese momento significó lo suficiente para hacerla a un lado.
Hace tres años estamos juntos y está bien, te respeto, ¿sabés? Es muy difícil ser el que deja, el que toma la decisión... vos... vos tomaste una decisión muy importante, Nati, y te respeto.
No como a mamá que nunca está en casa, bah, vos sabés a qué me refiero. Mamá está en casa pero su presencia es casi invisible, se hace notar a travez de las quejas y los bufidos molestos que me sacan de quicio, pero nunca pregunta... nunca habla... Bah, ya no me importa, lo escribo porque ya no importa, si me importara no escribiría.
No te voy a extrañar Nati. No, ¿qué más da? No somos nada. Ya no somos nada, quizás dejamos de serlo hace mucho tiempo, incluso antes de conocernos.
El gato me mira y tengo miedo. Me dijeron que los gatos miran espíritus, ¿será verdad? ¿estás muerta y estás acá leyendo mis pensamientos? O quizás sólo mira esa parte que dejaste conmigo para no volver a retomar nunca más.
Está bien, dejala acá, yo la voy a cuidar... siempre fui un poco boludo, la esperanza nunca la pierdo así que si, quizás creo que vas a volver. Pero no lo vas a hacer.
El espejo me mira... me mira... me mira... ¿tendrá una hermana? ¿una madre? ¿acaso allá será diferente? Quizás en su mundo su familia tampoco siente entonces se tratan todos bien o ni siquiera se tratan y no importa porque nadie siente o quizás no tiene familia o sino muy alejada, en el cuarto de mi hermana, por ejemplo. Quizás no tiene madre porque en el cuarto de mamá no hay espejo, mamá los odia. Una vez le compré uno y lo rompió, Nati, vos estabas ahí.
Y mi hermana se va a morir y mamá se va a morir también y yo voy a estar acá fingiendo que me importa y no me importa, Nati. Bueno, tengo que admitir que me hubiera gustado tenerte acá conmigo, pero bah... puedo llamarla a Cami o a Pau, no importa eso ya.
Acá lo que importa es ese que me mira. No, no el gato, Nati, el espejo.
Pasan los minutos y estoy más convencido de que él vive mejor que yo, y por lo tanto, si lo rompo una parte de él se va a esparcir por toda la habitación y me va a llenar de él y las cosas van a mejorar. Tiene sentido, Nati. Lo voy a romper.
Lo rompí.
Y no me siento mejor, me siento más triste.
Es una manera de decir, de todos modos, porque estar triste significa que me importa y a mi, Nati, a mi no me importa.

martes, 13 de mayo de 2014

Cotidianidad.

«La vida cotidiana es el refugio de lo seguro (...) es el lugar en el que [uno mismo] se siente protegido dentro de una trama sólida de hábitos y rutinas que se fue creando en el trascurso del tiempo, de recorridos conocidos, rodeado por caras familiares»


Rompamos con la cotidianeidad, vayamos a lo no-seguro, a aquello que de tan solo pensarlo nos produce un sentimiento de inseguridad que recorre nuestro organismo y nos obliga a cerrar a los ojos, a dudar. Hay que mentalizarse, el miedo como emoción que se traduce a curiosidad, no como una barrera que hemos aprendido a construir a travez de él. Sepamos que el camino del fracaso está vigente, quizás más presente que antes, pero que nos influencie a seguir, entusiasmados a no retroceder y descubrir que hay por delante.
Porque la gente está demasiado cómoda en su casa, con sus costumbres, con sus caminos ya sabidos de memoria, con el saber que nada puede salir mal y que, de hacerlo, hay un plan B que sigue siendo parte de esa rutina asfixiadora.
Vemos el mundo pero no lo vivimos. Viajamos en colectivo pero no conocemos aquellas calles que a penas vislumbramos por la ventanilla, escasamente hemos prestado atención a las calle secundarias o al kiosko a dos metros de la esquina; porque conocer es –obviamente– mucho más que eso. Es bajarse, es caminar, es observar detenidamente y comprender que con tal solo diez pasos que hagamos, vamos a estar frente a la tintotería o a la cafetería donde aquella mujer nos atiende sin ganas. Nuestra vida es un encierro; hay que salir de éste y para ello debemos mirar más allá del celular o del libro del cual estamos fijando nuestra atención, hay, en cambio, que hablar con aquel joven que en menos de cinco minutos ha armado el cubo mágico tres o cuatro veces; hablar con el pelirrojo de al lado que está leyendo Homero o preguntarle a la chica de en frente si conoce un bar lindo por la zona.
Lo cotidiano encierra al cuerpo impidiéndole asombrarse y lo condiciona paulatinamente en un sistema de pulsaciones predestinadas, ya analizadas.

«Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con pareja intensidad»

domingo, 11 de mayo de 2014

11.05.2014

Está escondida en una de las esquinas, las luces proyectando diversos colores sobre su tez que ha perdido toda expresión, ahora está demasiado calmada, cerrando los ojos y moviendo las manos al ritmo de la música, aunque sus movimientos se encuentras entorpecidos por la paz que siente en ese momento. Y sus manos delgadas se mueven, su cuerpo las acompaña, su cabeza va de un lado al otro, pero siempre en slow motion. Cuando abre los ojos ve una joven de cabello oscuro y ondulado, de flequillo recto y ojos profundos, que tiene unos labios que se mueven pero ningún sonido sale de ellos. Frunce el ceño, no entiende, intenta comprender dónde está, todo en una fracción de segundo que permite que ella no se da cuenta.
—¿Fuego? —Habla con acento español y sonrie, siempre le ha gustado ese sonido. Cierra los ojos luego de asentir con la cabeza, aunque en teoría ya no pueda ver más nada, las lucen siguen apareciendo—. Gracias —Pero no se va, se queda con ella y en silencio se miran, o miran a los demás y luego vuelven a mirarse, se sonríen, se acercan un poco más, cierra los ojos disfrutando de la compañía que en aquella circunstancia está fuera de la anormalidad. 
Cuando abre los ojos la paz sigue con ella y lo mismo la joven.
—Es curioso, ¿no?
Sabe que se refiere a todos ellos bailando de frente al DJ, con la música dubstep agitando el cerebro y con el sentimiento individualista rodeándolos.
—No me desagrada, pero tampoco lo gozo desde una vista objetiva.
—¿La estás pasando bien?
—Nunca la pasé tan bien... 
—Estás en una especie de trance.
—Si.
—¿Marihuana? —Negó con la cabeza—, ¿rola? —Meneó la cabeza. "No me pegó" respondió.
—También lanza.
—Ah si.
—Siento mucha paz.
—Que lindo.
—Es increíble, como si los problemas ya no fueran problemas.
La española la miró sonriendo suavemente, sus labios delgados expresando un gusto desconocido.
—¿Cómo te llamas?
—Al —Alzó una ceja.
—Babs.
—Que lindo nombre.
La tomó de la mano antes de asintir, antes de pronunciar alguna que otra palabra, antes de nada... y la llevó al baño y se encerró con ella y la miró a los ojos, la tomó del rostro y la observó con delicadeza, como quién busca detalles escondidos.
—Sos hermosa.
—Ah, gracias. Vos también.
—No, lo digo en serio.
—¿Por qué mentirías?
—Lo confirmo porque parecés del tipo de chica que necesita confirmación para empezar a creer aunque aún no pueda hacerlo del todo.
Creyó que el beso iba a ser desesperado y forzoso, pero más que capturar sus labios, quería buscarlos y al hacerlo los acariciaba para alejarse y desprenderse de su piel, sus manos acariciando sus brazos sin ir más allá. Y la musica sonaba y la gente hablaba y ella la besaba y a su vez comprendía entender, estaba allí, no estaba allí, ¿dónde estaba? Pensó en él, pensó en ella, pensó en su amiga, en su compañero, en aquel chico de la esquina del bar. Y mientras tanto besaba y la acariciaba y ya habían dejado de buscarse hace mucho tiempo para completar finalmente el ritual y abrazarse. Oh, no, no se conocían en lo absoluto pero se estaba tan bien así. 
—Pasame tu número.
—Dale.

viernes, 9 de mayo de 2014

Cáncer.



—Puede ser que tenga cáncer.
Las palabras salieron, se escucharon, entraron en su cabeza para dar vueltas y sin embargo le era difícil de comprender –o eso creyó–, ¿acaso no tendría que sentirse mal? Quizás, pero esa no era su realidad; seguramente aún no lo había procesado y seguiría sin hacerlo hasta que ella estuviera…
Siempre había pasado lo mismo en su vida, ante la muerte o situaciones límite su cerebro baja la velocidad de los procesos, no actuaba, reprimiendo todo sentimiento de angustia.
—Ah.
Habían pasado dos semanas desde lo ocurrido y las palabras continuaban haciendo eco. Desde aquel momento no había llorado, y sin embargo estaba pensando en aquello… Empezó a preguntarse qué es sentirse mal, si en realidad hay muchas maneras de sentirlo y si en verdad estaba mal por lo que ocurría o si en realidad la enfermedad tomaba importancia sólo porque estaba canalizando otros problemas en ella. Se sentía mal porque su mejor amiga no le hablaba, porque no lograba concentrarse en la facultad, porque su madre estaba con un imbécil… no, no se sentía mal por eso, se sentía mal porque arrojaba su angustia en aquel problema.
No estaba mal.
—¿Cómo estás?
—Cansada.
No está triste porque su novia (puede tener) tiene cáncer. No está triste porque se (va a) puede morir. Conocerá a muchas chicas, se enamorará muchas veces.
No está triste.
No está.

No.

martes, 6 de mayo de 2014

17.12.2012




—Estamos rodeados de realidad subjetiva, va, viene, a veces se mezcla con otra realidad entonces no es la tuya ni la mía, sino una mezcla de ambas que tampoco es la realidad misma. Es un conjunto de tantas cosas esto que llamamos realidad, para serte sincera no lo entiendo. Es como el amor, supongo, que no existe.
Se escuchó un llamado a lo lejos, Babs volteó el rostro pero no dijo nada, volvió el rostro con la mirada fija en su bebida que ni siquiera tomó.
—El amor es como Dios, vos no lo ves pero sabés que está, no se porque andás diciendo ese tipo de cosas, porque te cuesta aceptar tanto que estás acá sentada conmigo y no mirando lo que pasa desde un afuera inexistente.
—Porque (primero ya te dije que no creo en Dios, así que no lo metas), por mucho que lo quiera no puedo estar mirando las cosas desde afuera, pareciera, pero ambas sabemos que al fin y al cabo estoy acá hablando con vos, pero sin estar convencida de que esto vivido es la realidad.
—Igual, para serte sincera, me interesa mucho más tu teoría del…
—¿Del amor? Es una pavada y no le hace ningún cambio al mundo, quizás te hace pensar pero nada preocupante, vas a seguir amando, por lo menos vos, creo que el día que alguien me haga caso va a terminar suicidándose.
—¿Y por qué vos no? ¿Por qué no te suicidás todavía?
—Porque yo todavía no le encontré la respuesta a mis preguntas, nena, por eso. Yo hasta no encontrarlas no me muevo de esta fantasía que mi mente creó.
—¿La realidad subjetiva?
—No, esa es parte de una realidad, así como La Realidad misma que es que estoy acá hablando con vos, mirando una mesa que es negra y mirándote después esos ojos grises preciosos que tenés vos. Esa es La Realidad, nena.
—Basta de decirme nena porque no importa en que realidad estemos te voy a pegar —Tesia tomó un sorbo de su bebida, la cual se estaba enfriando y lo lamentó muchísimo porque de verdad había estado deseando beberla desde hacía semanas, como un gusto de embarazo que nunca se quita aunque la realidad (esa palabra…) era que embarazada no estaba—. A lo que iba, ¿de que realidad no pensás moverte?

Babs se fue hundiendo en el sillón, mirando distraídamente la gente caminar a metros de ella, inconscientes de toda esa charla metafísica, o más bien ignorante porque estaba segura que Tesia no entendía a qué se refería, aunque la pobre por lo menos lo intentaba.

—Ahora que lo preguntás de nuevo no sé que responderte. Yo solo sé que esto no me parece real, que dentro de esta irrealidad la gente separó La Realidad neta y la subjetiva (propia de cada uno, como te dije antes), ¿pero y si La Realidad misma no existe? Es todo psicológico, todos nacemos de lo mismo, compartimos genes bien queramos o no, pero hay algunos que se desvían y terminan daltónicos o con problemas psicológicos y ya ves, su realidad ya no es la misma y los pobres ni siquiera pueden pertenecer a la Realidad Misma porque mientras vos y yo encontramos esta mesa negra, esa persona que tiene psicosis encuentra que la mesa lo quiere asesinar o que en realidad uno se sienta en la mesa y come sobre el sillón, ¿me explico? Yo lo que no entiendo es porque tenemos que etiquetar a esta realidad como la real cuando hay gente allá afuera que no la ve por cuestiones psicológicas. Yo creo que si todos quitáramos nuestra parte psicológica e imaginativa del cerebro, podríamos ver la realidad misma, no esa definición barata que los científicos determinaron como real.
—Te entiendo perfectamente, créeme —Tesia contestó un poco abrumada por la cantidad de pensamientos que por la mente de Babs pasaban, o por la manera en la que sus ojos se cerraban, acomodando cada palabra para hacerla más fácil y que ella la pudiera entender mejor (lo cual le hacía sentir torpe, ¿pero qué  más daba? Nada).

Lo que más le angustiaba era la capacidad que Babs tenía para deprimirse por cuestiones filosóficas de las cuales no tenía respuesta y más hablaba, menos entendía y más se cuestionaba su existencia.

—Creo que si por lo menos crearte una realidad vos y vivirla, bueno, todo sería tan fácil, Babs, tán fácil.

Babs arrugó el ceño pero no se reincorporó de su asiento, tomó un poco más de café y se permitió a si misma sentir como transcurría su garganta y terminaba en alguna parte de su organismo que hacía tiempo había estudiado (no le interesaba, lo cual es raro, porque le interesaban las cosas de dudosa existencia pero algo que estaba ahí y tenía que saberlo no le daba el más mínimo de interés).

—Me refiero —Siguió Tesia mirándola con tristeza y suspiró antes de seguir, negó con la cabeza un poquito y Babs se hubiera puesto a gritar allí mismo sino dejaba el drama—, a que vos tenés que crearte una realidad y vivirla, ¿qué mas da si hay una que nadie conoce o si yo veo con una intensidad que vos no captás esta mesa?
—Ese es el problema de la sociedad, gente como vos. No, no me mires así, sino me das la razón ahora ya me la vas a dar. Se quejan de que odian lo rutinario pero es porque ellos mismos lo elijen, no se de que se queja la gente entonces. Aceptan algo y a la vez se quejan porque aburre.
—Nada que ver, te juro que no te entiendo.
—No me entiendas, me estoy empezando a enojar, dejemos la conversación por ahí, que nade entre este mar de gente, que se meta en la cabeza de ellos si es que se puede, que todos se pregunten para qué vivimos si es que no se lo preguntaron alguna vez.
—Todo el mundo se lo pregunta.
—A veces creo que me hago tantas preguntas sobre la realidad porque no le di un significado a mi vida. La persona que va a ser doctor el día de mañana sabe que después de estudiar va a ser doctor, camina por la plaza y sabe que no importa a donde vaya su meta siempre va a ser ayudar gente. Tiene algo para vivir. Yo estudio para rendir y cuando termino esa meta ya no sé; mi realidad es buscar metas para no sentirme tan vacía pero al fin y al cabo terminar siendo peor.
Babs tomó un poco más de café y miró a Tesia, quien había abandonado la tristeza y lástima hacía unos minutos, ahora la miraba con esos ojos grises abiertos y expectantes que se desviaron al notar que era observada.
—Me gustas tanto… sos una muñequita. Miro tu boca y sonrío y te juro que si esa fuera una realidad completa, me gustaría mucho vivir en ella. Tu boca es parte de vos, y tus ojos también lo son, entonces se podría decir que cuando miro tus ojos también miro tu boca y todo es tan lindo, tan tuyo… Vení, acércate.

Luego de mirarla unos segundos, Tesia deidió que quizás podría acercarse a Babs durante unos segundos, dejar que su aroma a café inundara su boca o solo rozara la parte superior de sus labios. Sino podría esperar a besarla más tarde, pero en ese más tarde tendría gusto a cigarrillo y eso le hacía vomitar (metafóricamente hablando, por supuesto, que asco eso de vomitar, nunca lo había hecho… ni siquiera de chiquita).
Cuando finalmente se sentó a su lado sintió algo muy extraña en ella y reconoció que era el efecto hecho por sus palabras.

—Se está bien acá.
—Si, hay una música hermosa en este lugar, ¿escuchas? Hasta hacía unos minutos estaban pasando La Appasionata, increíble, ya te vas dando cuenta…
—Si, creo, vos sabés que soy media bruta, pero esa la reconocí bien. ¿De qué te reís?
—De la manera en la cual me dijiste que reconociste la melodía, con una sonrisa de oreja a oreja como si eso fuese muy importante y vos lo supieras antes que todo el mundo. Creo que acá lo más increíble sos vos.
—Comienzo a pensar que tantos halagos son porque antes hubo un insulto disimulado.
—No seas así… —Susurró muy seria y sincera, la tomó con suavidad de los cachetes y le dio un beso que provocó cosquillas, de esos que te hacen sentir mariposas en la panza no importa que número de beso sea.
—Creo que ahora están tocando un tema de Yann Tiersen —Tesia susurró bajito, pegada a sus labios, mirándola a los ojos con la mirada gris que era más bien la suya porque sus propios ojos se reflejaban y le hacía sentir que eran una sola persona, un cliché tan romántico como real.
—Increíble tipo, la verdad.
—Keep kissing me —Insistó con ojos suplicantes, haciendo pucherito porque le gustaba que Babs fuera quien la besara y no al revés.
—Nos están mirando todos, es de terror, fíjate que se viene una pareja que ellos consideran normal le sacan fotos para mostrarlas al mundo porque son muy lindo, si, si, ya lo creo yo.
—Que se vayan a la mierda.
—Que se vayan a cualquier lado, a mi no me importa, pero prefiero reservarme la para vos sola, no para un público que encima me critica.

Tesia se puso de pie, se levantó con cuidado porque era muy torpe y siempre tendía a caerse.

—Vamos a casa.
—Dale, vamos.
Babs dejó las cosas y se fueron tomadas de la mano, por lo menos la realidad que los científicos le habían machucado en la mente le insistía en que era de noche, que las manos de Tesia se sentían calientes alrededor de la suya y que mañana iba a ser otro día de pensamientos intranquilos… pero ese día no era hoy.

26.03.2013

Escribí esto hace un año.


Es en la noche cuando más te extraño, siento tus besos con melancolía que se desgarra, se pierde en ese espacio que ocupa mi mente y va a parar la misma conciencia, se junta, se mezcla, te extraño más y a veces menos pero siempre estás ahí cuando no te veo. Quiero abrazarte, poder acurrucarme junto a vos, sonreír cuando me decís que me querés y sonreír aún más cuando vos sos quien sonríe y mirar tus labios, observar tu rostro, dejar que mi mente descanse en tus ojos castaños y quedarme muda porque las palabras no bastan o simplemente sobran y estamos en la misma, en la misma angustia de no poder tenerte, o de tenerte sabiendo que te vas. Yo quiero que te quedes un ratito más, que me busques, que me encuentres, y encontrarte yo también cuando tengo miedo de avanzar, esforzarme por ese pasito que me falta y que lo veas, que te sientas bien, hacerte feliz porque lo merecés. Quiero ir a Starbucks con vos, quiero merendar todos los viernes, o los sábados o no merendar y abrazarte un poco más, y que te quedes a dormir en casa y volver a rodearte con mis brazos o que seas vos quien lo hagas porque no hay momento que aprecie más en el día que cuando me siento contenida por tu amor. Me gusta reír a tu lado. Me gustás vos. Me gustás mucho. Y quiero pasar más días así de lindos con vos, y días malos como cuando no nos hablamos, como cuando pienso que está todo mal aunque quizas -seguramente- esté todo bien, y ponerme mal cuando mencionás a otras y ponerme bien cuando me asegurás que estás solo conmigo, aunque te miro recelosa de tus palabras pero en el fondo te creo y eso es lo único, lo especial entre los dos, que sos el único que logró que le creyera. No importa mi desconfianza, mis palabras de miedo que se que estás siendo sincero, que estás acá conmigo, que empujás contra mi porque te negás a abandonarme y es todo tan lindo, tan perfecto a veces tan triste, pero sigue siendo parte de nosotros y aprendo a como actuar, aunque en realidad nunca aperndo nada porque siempre es diferente. Acostarme en la calle a tu lado sin conocernos, encontrarnos en Gurruchaga sin saberlo, y estar ahí con vos cuando estás a punto de soltar y que me quiera un poco más cuando no me soporto. Y es en la noche cuando más te pienso, porque al fin y al cabo es cuando no te tengo.

domingo, 4 de mayo de 2014

No, you don't love boats. You love the idea of a boat.

Lo podríamos traducir a
No, you don't want a relationship. You love the idea of having a relationship.

sábado, 3 de mayo de 2014

No pienses.


Había dejado todas sus relaciones para recaer en lo básico, dejando la simpleza olvidada mientras avanzaba hacia la cocina o se dormía en la cama para descansar un rato, porque de tenerla las cosas serían un blanco total pero había demasiados colores ahogando su mente.
Ahora compartía cama con una desconocida que no dejaba de hablar de su ex. ¿En qué momento su vida había tomado aquel giro depresivo? Respiró hondo mientras intentaba callar la voz ajena consumida por el cigarrillo y el sexo. Cuando giró la cabeza a un lado de la cama observó la tele, la computadora, su celular, su remera tirada a unos centímetros y, como un choque de respiración atolondrada, la recordó a ella.
Recordó que hasta hacía unas semanas había pasado tiempo en esa misma habitación,

sus labios buscándo cada parte de su piel;

 la misma cama, la misma computadora frente a ellos iluminándolos,

mientras hablaba de que se sentía triste
de que lo extrañaba
de que siempre las cosas con él se sentían igual de ingenuas
que una primera vez;
y otra remera ocupaba el lugar de la actual, al lado de un corpiño y unas medias.

y se quedaban dormidos
sentiendo sus brazos rodéandolo


Frente a similitudes no podía evitar sentirse ajeno al ambiente de todos los días. Un desconocido en una habitación de hotel.
La costumbre es comodidad y la gente necesita dejar de sentirse cómoda para empezar explorar.
Y él estaba demasiado cómodo.

—Es tiempo de que te vayas —Le dijo reincorporándose.

La joven lo observó de arriba abajo aún tendida en la cama e hizo de su cabello rubio a un lado y sonrió un poco.
No se despidió con un beso después de haberle bajado a abrir, apenas la miró, murmuró que se cuidara y fue por pura obligación a su poca moral.
En su habitación observó completamente tildado la pantalla de la computadora, en un costado estaba ella conectada pero no se atrevió a hablarle. Le provocaba una especie de desasosiego increíble verla allí, por más que se tratara de una cosa virtual. Hundiendo el rostro en la almohada, se esforzó en no pensar.

No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses…





No tenía miedo porque estaba solo, sino que estaba solo porque tenía miedo.

jueves, 1 de mayo de 2014

Escribir sobre


Dijo que iba a escribir sobre las plazas, sobre los asientos, sobre los colectivos, sobre el silencio en los colectivos, sobre la individualidad en los transportes (e iba a utilizar la palabra transporte); dijo que escribiría sobre el amor, sobre la tristeza, sobre él, sobre ella…
Dijo que iba a escribir sobre los besos y el sexo y las tetas y el agarre; sobre las manos, sobre la piel, sobre las caricias, sobre sus dedos deteniéndose en sus mejillas, sobre sus ojos mirándola enternecido (con esos dedos en sus mejillas), sobre sus labios acercándose de a poco, sobre ella cerrando los ojos cada vez que sus labios se acercaban de a poco…
Dijo que iba a escribir sobre las calles y las plazas (de nuevo) y la noche y el cielo de día, de noche, de tarde, de madrugada…

Pero no logró escribir nada, porque perdía mucho tiempo de su vida pensando y no haciendo, imaginando egoístamente sin tener en cuenta a los demás y poco a poco se fue cerrando en un cuento, que se llenaba día a día y cuyas páginas no eran más que porciones de su mente. 

lunes, 28 de abril de 2014

No quiero nunca más.



  • No quiero sentir nunca más el dolor que deja una persona cuando se va de tu vida, porque pensé que después de mi ex las cosas no iban a doler tanto y me terminé equivocando.
  • No quiero nunca más hacer planes y que después queden inconclusos. Tenía en mente que iba a ir acompañada a hacerme el tatuaje y ahora no quedo más que yo sola.
  • No quiero nunca más tener que pasar por esta situación de mierda, de insistir ante lo inevitable y frustrarme porque no soy suficiente para hacer las cosas bien.
  • No quiero nunca más sentirme tan para la mierda,
  • No quiero más sentir que las lágrimas no son suficientes. 
  • No quiero más compartir la cama con alguien y tener que extrañarlo todos los días, pensar en él siempre al acostarme o despertarme. No quiero. 
  • No quiero nunca más estancarme en los proyectos porque mi vida no es más que un sin fin de desgracias que me perturban, impidiéndome continuar.
    Tengo dos parciales en una semana y estoy escribiendo esto con lágrimas en los ojos. Soy inútil.
  • No quiero sentirme más como una mierda. Porque no sirvo para tener relaciones, siempre cago todo. Con 18 años nunca tuve una relación en serio. Nunca. Tres meses fue lo máximo que algo me duró y a duras penas porque fueron dos meses de puras lágrimas.
    Y no pienso probar de nuev.
  • Estoy enojada.
  • Estoy enojada
  • Estoy enojada porque pensé que si dos personas compartían cosas lindas como mirarse a los ojos con una sinceridad increíble todo iba a ir bien. 

miércoles, 23 de abril de 2014

¿Te acordás de mi?

Esto tampoco tiene que ver con mi vida así que tampoco flasheen colores. 


—¿Te acordás de mi?
Esas fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Nicolás cuando Malena pasó delante de él una tarde de otoño, entre abrigos molestos y calles solitarias.
—No.
Y esas fueron las palabras de Malena, antes de darse la vuelta y seguir con su camino y dejar a Nicolás envuelto un mar de emociones encontradas.

—Tenés muy lindo pelo.
Era una tarde de invierno cuando le dijo eso, no la conocía en lo absoluto pero era lo único que le quedaba hacer mientras Federico besaba a Camila a dos metros de distancia (o menos, pero le gustaba pretender que era más para sentirse menos fracasado). No le estaba mirando ni la cara, ni los labios, ni las tetas, ni nada... sino el pelo, que tampoco era la gran cosa, pero lo suficientemente agradable para incitarlo a la caricia.
—Muchas gracias.

—¿Te gustan The Smiths?
—Si, pero esto no es 500 Days of Summer. Y aunque lo fueras, estoy bastante segura que yo sería la hermana de Tom y vos uno de los mejores amigos, el que no tiene novia hace tiempo.
—Nunca vi esa peli. ¿Te gustan?
Malena se rió.

—Odio este clima.
—Ah, yo también.
—No tenés que estar de acuerdo conmigo en todo lo que digo.
—No estoy de acuerdo en que estoy de acuerdo con todo lo que decís.
Malena abrió los ojos grandes, preguntándose si reírse o no y se fué.
Nicolás no entendió.

— Me gustas.
—Que bien, a mi también.
—¿Querés ser mi novia?
—Dale.
Malena respondió mientras se sentaba en el cordón de la vereda y Nicolás se unía a ella; mientras mantenían el silencio, se dedicaron a observar cómo los árbole se tornaban verdes en busca de la primavera. 
—Te quiero mucho.
—Visto.
—Dale, Male, te tengo en frente...
—Visto, visto.
—...

—Sos un pelotudo.
—¿Ahora que hice?
—Nada.
—¿Entonces?
—Ahí te estoy diciendo: NADA.
Malena se fue.

Malena no volvió a ver a Nicolás la siguiente semana, ni la otra, ni la otra. No respondió sus mensajes, ni sus llamadas y esperaba que él no apareciera en su casa, porque temía ser esclava de las cuatro paredes que la abarcaban, porque por supuesto que no saldría a enfrentarlo y responder sus porqué.
Nicolás tenía muchas cosas para saber, y Malena muchas palabras atoradas en su gargante sin ser capaz de pronunciar, como por ejemplo, que Nicolás le gustaba en serio y eso le daba miedo.
Como por ejemplo, que Nicolás era un tierno.
Que Nicolás era todo lo que ella quería.
Que empezaba a depender de Nicolás.
Que cuando dormía Nicolás aparecía en su cabeza.
Y eso no le gustaba en lo absoluto.

—¿Te acordás de mi?
—No.
Porque si hubiera dicho que si, ahora estaría llorando. 


Tu mirada.


((No flasheen que esto está inspirado en algo de mi vida porque no, pintó escribir y quienes alguna vez leyeron lo que escribo saben que nunca escribo cosas felices))

Había muchas cosas de vos que me gustaban, por ejemplo, esa manía de pasar la lengua por el cigarrillo antes de fumarlo, o la manera en la cual la luz se proyectaba sobre tu labio inferior cuando estabas a punto de hablar y te retractabas en el último instante; cómo te dedicabas a acariciar mi piel cuando estábamos acostados, o como me agarrabas con fuerza a la vez que me besabas en la oscuridad. Ah, si, esa terrible oscuridad que tanto odiabas pero que yo prefería conservar ante el miedo de tu mirada, a veces proyectabas cosas horribles con sólo mirarme y yo prefería guardar todo aquello apagando la luz, era tan simple la acción de separarse de vos, buscar el interrumpor y apagarlo que olvidaba el porqué. Eso hasta que la luna te proyectaba y yo tenía mucho miedo, no de vos, sino de tu mirada. Vos me besabas para que yo cerrara los ojos y entonces yo lo hacía. El desasosiego que proyectaba mi cuerpo con sus gestos se calmaba al instante y el crispar de mis manos se suavizaba de tal manera que yo era capaz de tomar tu rostro y besarte con una carencia de pudor increíble. Eso me gustaba, vivir sin miedo en la oscuridad.
Pero después a la mañana siguiente todo volvía a al rutina. Vos te levantabas y prendías el cigarrillo y yo no me quejaba porque me gustaba mucho verte, lo prendías adentro de mi cuarto sabiendo que yo lo odiaba... ay, eso si que odiaba, que no respetaras mi espacio, ese mismo que yo compartía con vos. No obstante bastaba con que me observabas para que yo hiciera a un lado la vista y me calmara, pretendía tener sueño y me dormía en serio. Terminaba despertando ante la búsqueda de tu ropa, abajo de la cama o arriba del escritorio, sólo ahí, cuando no me mirabas, cuando tus ojos estaban demasiado ocupados me atrevía a preguntar:
—¿Por qué te vas?
Y me ponía tan mal cuando no me respondías, justificaba en mi cabeza que quizás estabas de mal humor, que preferías estar en tu casa... todo eso en un intento de calmar mi sufrimiento atolondrado. Pero te fuiste sin responderme y no quise volver a llorar, en cambio me armé de valor y busqué ropa linda y salí de casa a buscar aire, porque era increíble la cantidad que vos tomabas de mí, dejándome al borde del abismo, entre sábanas usadas y besos olvidados. Cuando me miraba al espejo después de un encuentro nuestro, descubría en mi cómo cambiaban mis facciones, cómo empezaba a adoptar el rostro de una mujer que va todos los sábados a la mañana al café de la esquina a pedir lo mismo, o de la bibliotecaría de la esquina, que ofrece tè porque no hay mucho para hacer, y yo no quería parecerme a ellas, que estaban muy lejos de la salvación. No necesitaban un hombre y el no comprenderlo las hacía miserables.
Me estaba convirtiendo en una de ellas.
Y me vestí y me maquillé y lo hice todo para mi, no había reflejo de vos en el espejo. Salí a tomar ese aire que necesitaba, y me senté en la plaza de a unas cuadras a leer y leer y leí tanto que me abrí la cabeza a nuevos pensamientos y nuevas emociones y me llenó tanto entender que, por fin, no necesitaba de vos para sentirme completa. Porque saberlo lo sabía, pero comprenderlo... sentirlo, eso es tan difícil.
Había muchas cosas que me gustaban de vos.
Había muchas cosas que odiaba de vos, como esa vez que te llamé para terminar lo nuestro. Ah, era obvio que te iba a llamar, no quería verte porque verte significaba volver a sentir miedo y yo estaba harta de que aquel sentimiento horrible vaciara mi alma. Me insultaste, tratándome de tarada e ignorante. Pero no me puse mal por vos, sino por mi, que tardé tanto en descubrir que no te necesitaba. 





lunes, 21 de abril de 2014

"Las relaciones son una mierda"

Cuando pienso en las relaciones y las personas no se cuál es la que en realidad es una mierda. Después caigo en cuenta de que hay relaciones armoniosas y hermosas pero porque la gente que es parte de ésta actúa de tla manera que es imposible que las cosas decaian, entonces de esta manera, uno llega a la conclusión que es la gente la causante de tanto malestar, el resultado de la relación no es más que eso, un resultado de los individuos que la componen.
Hay gente que no puede estar bien y necesita de las discuciones, del drama sobrecargado, de las llamadas puteando, de los planteos innecesarios... en fin, de todo lo que implique un conflicto. Hay gente que quizás no busca el conflcito constante, pero aparece un día y te comenta que te está cagando con otro tipo/mina.
"Las relaciones son una mierda" no, no son una mierda, hay que mentalizarse que la gente es una mierda y basta solamente con encontrar a alguien que no lo sea.
No obstante no se puede negar que tener una relación es conflictivo por el simple hecho de que es complicado debido a la cantidad de factores que aparecen. No es fácil encontrar gente que no sea una mierda. No es fácil encontrar a alguien que a los tres meses es un amor y lo siga siendo, porque muchos cambian después de esos tres meses, justo cuando vos te estás enganchando, en ese momento donde te cuesta decir basta... ahí se vuelven unos forros. Pensás que por fin encontraste a la persona indicada, tres meses hermosos, y te caga. Así. Te empieza a tratar mal, genera conflictos.
Empezar de nuevo también provoca que tener una relación no sea fácil, en especial si en todas tus relaciones terminaste mal o si te duran un mes, no sos capaz si quiera de conocer a la persona y que te conozca a vos que se terminó y ese círculo lo repetís tantas veces que es imposible no cansarte  no querés correr el riesgo de amar y que no teamen, de abrirte y que se lastimen.

Pero basta, las relaciones no son una mierda. No es una mierda tomarle la mano a alguien que querés un montón, tampoco lo es besarlo o mirarse y sin decir nada, o caminar por ahí o molestarse, o hablarse de cosas sin importancia, o merendar juntos, o mejor aún despertar juntos. Todos esos sentimientos que despiertan con esos momentos no son una mierda y la mejor manera de disfrutarlos es con una persona que nos prometa una relación calmada y linda. Y si tus relaciones anteriores fueron una mierda, tomá esas cosas como aprendizaje para no volver a caer y mentalizate que lo importante es aprender del tiempo con vos mismo y saber que hay alguien para vos.
Pero ese alguien para vos no significa esa persona que se va a casar con vos, y ni siquiera puede ser una persona, creo que se puede tener más de una buena relación y lo importante es encontrar una persona con la cual nos sintamos cómodos y queridos y no tener miedo de que alguna vez se vaya a terminar, sino verlo como un ciclo que se completó y terminarlo de la mejor manera posible.

domingo, 13 de abril de 2014

No nos veamos más.

No está corregido


Capaz el encuentro no había sido más que eso. Un encuentro, no una casualidad, ni un enlace del destino para finalmente reunirlos. Capaz estaba en sus vidas haberse encontrado para luego insultarse con amarga redundancia, después de todo que era ella sino un choque de cosas tristes, había dejado caer su carpeta simplemente porque estaba perdida, porque estaba harta y él había sido seducido ante aquel acto y cuando se miraron no se sonrieron, no se sintieron y, sin embargo, él tuvo el impulso de invitarla a tomar algo e importarle quizás demasiado cuando ella se negó sonriendo nerviosa por un desconocido.
-Bueno, está bien.
Y quizás le había alegrado más de la cuenta el cambio completo de la situación.
Nunca se hubiera imagino que aquella joven de ojos marrones terminaría sobre él, gimiendo por más. Nunca se imaginó que desearía con tanto anhelo olvidar a su ex para tenerla solo a ella en su cabeza y tampoco creyó que le sería tan fácil hacerlo, cuando en la oscuridad ella tomó sus cosas y se fue, con la simple excusa de que prefería dormir sola en su casa. Lo sorprendente más fueron la verdad en sus palabras; entonces no importó mucho y durmió con su imagen durante toda la noche, con ese tipo de intriga que genera un poco de angustia.
-Dos veces a la semana me parece demasiado.
-¿Entonces nos vamos a ver menos?
-Sí, me parece lo mejor.
Lo aceptó porque prefería eso a nada y ahora estaba demasiado enganchado para negarse y continuar con su vida, capaz recuperar a su ex, o ir al café de la esquina a estudiar como estaba haciendo hasta su momento.
-Me asfixias. No hablemos por un rato.
Y el no quiso decirle nada, temeroso de sus gritos, de su histeria, de que le dijera que era un tarado, igual que su ex, que lo acusara de posesivo, celoso. No quería verlo porque no es no y es un pensamiento que ella tiene arraigado en lo profundo de su cabeza, no le gustan las explicaciones porque los deseos deben ser respetados, no cuestionados.
-Te extrañaba.
Y aparecer a las cuatro de la mañana de un domingo no le parece la mejor manera de pedir disculpas y la dejó entrar sólo porque entendió que no eran disculpas, que ella nunca estaría arrepentida de nada, sólo habían surgido las ganas de verlo y sin pensarlo más tomó el colectivo sólo para estar media hora frente a él diciendo
-Me gustás
Y cuando comenzó (el) a sonreír
-Pero no puedo, no puedo estar en una relación, me asfixia.
-Pero no nos hablamos nunca, no estoy entendiendo.
-Exacto, no me asfixio a causa de vos, sino de mi misma. Quiero tener todo controlado con la distancia, distancia física, distancia de sentimientos, pero a su vez me asfixia pensando que quizás no querés estar conmigo y entonces no se que hacer, me pone mal. ¿Qué se supone que haga? Quiero estar con vos, pero a la vez no quiero, me convenzo a mi misma que no pasa nada pero a veces me encuentro teniendo ganas de verte…
-Y vení a verme…
-Y con miedo de que me digas que no.
-Nunca te diría eso.
-Quizás un día no tenes ganas de verme y está bien, pero no quiero cruzarme con ese día, ¿entendés?
Suspiró intranquilo.
-No nos veamos más.
Y se fue.
Y no apareció.

Y él se sintió mal, muy mal.

jueves, 27 de marzo de 2014

El gran no me importa y su contradicción.

Repetir incansablemente “no me importa”, como si se tratara de un mantra, no es más que un acto contradictorio. Creemos –en vano- que debería funcionar porque los estudios han demostrado que, después de todo, los deseos inconscientes terminan por cumplirse. No obstante cometemos el error de intentar imponerle a nuestro inconsciente que no nos importa, y los intentos fallidos dan como respuesta que, por mucho que queramos, hay una parte nuestra que no quiere que eso suceda; porque si nos creemos tal mentira, entonces actuamos como si esa fuese la verdad y ésta parte, la que se niega rotundamente, sabe que de ser así mandaríamos todo a la mierda porque “no nos importa”. ¿Y de verdad no nos importa? ¿Qué tanto nos debería importar para no hacernos mal pero, a su vez, seguir prestándole atención? Te crees a vos mismo que no importa que no te haya respondido el mensaje, de tal manera que al día siguiente no te habla y tampoco le hablás (siempre manteniendo el factor clave, el gran no me importa), pasado ese día te habla pero no le respondés porque no te importa y llevás tal pensamiento a la ruina de la relación, o de lo que podría haber sido una. Porque obviamente, es más fácil enredarse con los pensamientos que aceptarlo y dejarlo ir.


sábado, 22 de marzo de 2014

El día de hoy.

El día de hoy no tengo ganas de nada, ni siquiera de mimos porque no quiero que nadie me vea tan deplorable, tristeza hundida en mi rostro sin ganas de desaparecer. El día de hoy quiero acostarme en la cama, con el placer de tener al menos tres frasadas encima mío e irme cada vez más abajo, para taparme más, y estar llena de almohadas que me hagan compañía. El día de hoy quiero sentarme en la cama y leer un libro mientras tomo té o café con leche o miro la tele. El día de hoy quizás si quiero recibir mimos, que él me diga que está todo bien, que me abrace así como él suele hacerlo. El día de hoy quiero convencerme de que está todo bien, de que él no me gusta, de que no soy una tarada, de que él no piensa que soy una tarada. El día de hoy quiero poder tener la certeza de que mi vida no es un asco, o que al menos va a mejorar con el tiempo. El día de hoy quiero llorar hasta sentirme mejor. El día de hoy quiero escuchar música hasta hartarme, y conocer nuevos artistas, y discutir de música y aprender un poco más, porque se nota que no se nada, nunca se nada y quedo como una boba, porque yo nunca se. Y lo peor es que me gusta no saber, me gusta no saber porque me encanta aprender y abrir los ojos como tonta y sonreír porque me siento incómoda cuando la gente me pregunta ¿en serio no sabías eso? y es que no entiendo el punto de saberlo todo, pero pareciera que hay que aparentar pedir disculpas por eso.
El día de hoy no quiero ir a trabajar.

Desahogo

Uno llega a la duda existencial del ¿soy yo o los otros? y se queda en el medio de ambas, intentando descubrir cuál será cierta y suele suceder que es depende el momento y el ahora el que hace que uno termine eligiendo por una o por otra.
Para no dar muchas vueltas al asunto, me refiero a ¿soy yo la culpable de que todo salga para la mierda, por que tengo una personalidad de mierda? ¿o son los otros porque todavía no encuentro a nadie capaz de soportarme? Uno proyecta y el resultado es que se cumpla. "Me va a dejar" y te termina dejando. "Me va a salir todo mal" y termina saliendo todo mal, ponemos tanto énfasis en lo negativo que... termina pasando.
Lo malo de no ser una persona centrada y, al contrario, extremista yendo de un punto al otro, es que lo que en otro momento te parecía una muy buena idea, al siguiente resulta ser la  razón suficiente para querer morirte o dormir y despertar dentro de 50 años cuando todos estén casi muertos.
Me parece una muy buena idea ponerme en pedo, sabiendo que voy a terminar llamando a gente y haciendo pelotudeces, pero luego de hacerlas al día siguiente quiero matarme y no saber nada de nadie. Es normal, igual. Todos los que somos así lo sabemos, no estoy diciendo que soy excepcional, más bien que soy una pelotuda.
Ayer tomé y llamé al chico que me gusta, no recuerdo que dije, creo que me gustaba mucho, que se iba a coger a otras minitas, cosas así, y el chabón se reía, creo. También me levanté la remera mostrando el corpiño, y yo me pregunto, ¿por qué termino saliendo con gente con la cual no tengo tanta confianza?

El tema es que estoy triste porque no soy capaz de ponerme de pie y decir "Esta soy yo", más bien, me escondo, intento no llorar, pido disculpas, y pienso repetidamente que mi manera de ser sólo logra alejar a la gente. Y capaz llegue esa persona que me tome de las manos, me mire a los ojos y pueda ver con toda su sinceridad que me quiere de verdad, pero si no aprendo a quererme un poco, no voy a poder sentirlo. Podría ver que está siendo sincero, pero no voy a sentirlo.
No siento que la gente que me quiere, ni un poco.
Y creo que nadie va a querer estar conmigo porque soy una especie de representación de la tristeza.

lunes, 3 de marzo de 2014

Entre trimestres y "quieros"

Ultimo mes del trimestre y sigo con los cinco kilos de más, sola -porque nadie parece querer permanecer a mi lado-, y con tristeza que vengo arrastrando del año pasado. Estoy igual. Quizás más independiente, con plata porque trabajo, pero a eso nunca se lo puede llamar felicidad, porque la felicidad sería no depender de papel con colores que intentan hacerte sentir cuánto valés.
Decir que tengo cinco kilos de más va a provocar que gente salga a decirme que no estoy gorda, ¿pero no se dan cuenta que no se trata de eso? Nunca se trata de eso. Yo diría que me deprime la cantidad de pereza que mi cuerpo acumula a tal punto que no puedo estar treinta días de corrido comiendo bien y haciendo ejercicio. No estoy obesa, mucho menos gorda, tampoco "rellenita" (ponele), no, solo me falta, por un mes, trabajar en algo que luego va a ser mucho más fácil mantener. Cuando lo pienso de esa manera me da mucho más asco mi ser.
En fin.


Quiero hacer cosas nuevas, quiero aprender a tocar al guitarra (¿algún día va a pasar?); quiero tener más tardes lindas, en especial ahora que llega el otoño y vamos a ver como los árboles se colorean, colchones de hojas en el suelo, brisa fresca chocando contra mi cara, anhelo desesperado por tener a alguien a mi lado, alguien a quien tomarle la mano mientras tengo frío. Que no se mal interprete, el tiempo a solas es increíble y placentero, pero... la soledad... a veces es necesario de alguien más. Un hombro en quien llorar, unos labios que acaricien el propio y que nos guste como lo hacen, porque besar, se puede besar a cualquiera, ¿pero cuando a alguien que realmente queremos besar? Gustar de alguien es tan complicado cuando se es como soy yo. Aliento la espontaneidad y vivir el día a día, pero no dejo de querer aferrarme a los pequeños sentimientos, como si fueran la clave de un éxito mayor, de una puerta al futuro deseado. Después de estar tantos meses a la defensiva, estoy comenzando a pasar a ser blanda de nuevo. Obviamente tengo mis dudas y miedos, pero a veces me pregunto cómo hago para ponerme de pie tan rápido. En julio me estaba queriendo matar, en noviembre me daba asco el sexo, el diciembre empecé a salir con alguien, en algún punto cogí (aunque no lo disfruté), en febrero corté, en febrero empecé a salir con alguien, ese alguien me gusta, ese alguien no quiere nada serio y estoy acá yo, queriendo saber que quiero yo.
¿Pero no es muy pronto? ¿No tendría que estar acaso mucho más arisca a la gente? Siempre pasa lo mismo conmigo. Me levanto y me vuelvo a caer. Lo intento de nuevo porque se que hay algo mejor. No, no me estoy quejando, me estoy sorprendiendo por mi naturaleza masoquista.
Retomo: Estamos comenzando marzo y solo estoy trabajando. Corrijo, estamos comenzando marzo y no estoy haciendo nada. Trabajar da plata, no me llena para nada más.
Quiero estar en una relación. Quiero agarrarle la mano y correr por una plaza. Quiero que la gente vea lo felices que somos. ¿La gente? No. Quiero verlo yo misma, quiero sentirlo, que me recorra por todo el cuerpo, que queme mis mejillas. Quiero acostarme en el colchón de hojas junto a esa persona, quiero mirarnos y que sonriamos con la luz del sol en el medio del atardecer, disfrutar del silencio mientras nos acariciamos. Empezar por la frente, bajar por su mejilla, seguir por sus labios, mirar sus labios, sonreír al mirarlos, tener en cuenta lo perfecto que el o ella se ve. Besarlo. No. Estar a punto de. Detenerse. Jugar. Finalmente besarlo. Todo en un silencio ensordecedor, que no nos importe nada ni nadie. Y que el calor no nos impida buscar el calor del otro. Estar abrazados, acostados o simplemente tomándonos de la mano.
Quiero subirme a un colectivo con esa persona y que ninguno de los dos sepa a donde termina, pero que nos bajemos donde queramos y disfrutar, y caminar. Y tomar algo en un café que no conozcamos y que quizás el café sea horrible, que la comida sea horrible, que ese lemon pie que pedí lo sea y que no nos desagrade, que eso no arruine nuestra noche porque es increíble, todo lo es y tiene su toque romántico en esa fealdad. Y aún así dejar propina e irnos tomados de la mano, o que quizás yo la esconda no solo mi mano, sino mi persona, detrás de un árbol, de una manera tan mala que sea gracioso y escuchar su risa mientras me busca. Quiero volverme a casa y que el amor me inunda, sentir que tengo cinco años, o siete, o todos a la vez, porque con esa persona el mundo no debe detenerse, sino girar en todas las direcciones posibles.
Quiero ir a ver una película mala en un cine independiente, y que nos riamos porque es ridículo, porque nada tiene de malo ver una producción de hollywood. Quiero tomar tpe y café y comer lemon pie, sacar fotos, sacarle fotos. Ver atardeceres de colores lilas y anaranjados que se mezclan, que conviven con nubes ridículamente pálidas pero también grises. Ver esos atardeceres con esa persona.
Quiero ir a un bar desconocido en calles poco transitadas y que la música sea muy buena o quizás muy mala, que haya tragos excelentes o safables, emborracharse, cantar junto al cantante, hablar con otra pareja, encontrarnos turistas. Que el maní de cortesía sea un asco, que me lo prohiba comer porque entonces yo sería un asco, pero hacerlo de todos modos y luego intentar besarlo, que no me deje, que se ria, que me bese. Y salir de ese bar con tanto alcohol en sangre que no pueda caminar recto, ni yo ni él, pero hacerlo de todos modos y acostarnos en el suelo, hacer eso que a mi tanto me gusta mientras sale el sol. Cerrar los ojos y sentir la mirada de él ella en mi rostro, intentando comprender esos mambos que son como un gran acertijo, entonces que yo sonría mientras lo la mire y diga que está todo bien, que se debe dejar sentir como todo ese peso del ambiente, del pasado, del presente, todo eso que lo asusta se quede debajo del pavimento, o mejor aún, que explote, que ascienda hasta el cielo, que se sienta libre como me siento yo cada vez que me acuesto a esa hora y en esos lugares. Y si no lo comprende, que al menos me haga compañía, y si me comprende se que no será de la misma manera, pero una u otra sería especial y nos quedaríamos hasta ahí hasta aburrirnos o hasta que algún auto pase.
Quiero ir a su casa, que me preste su ropa porque seguramente no llevo ropa apropiada, reírnos, pelearnos por qué canción es mejor, por cual no, hablar, hablar durante horas, sobre cosas serias, sobre boludeces, y dormir juntos, después de dos, tres, cinco bostezos.
También quiero estar sola, leer, tomar un té, pasear, mirar vidrieras, sonreír, disfrutar, simplemente disfrutar de todo lo que está bien, de todo lo que está mal. Quiero escuchar música hasta sentirme sola y entonces extrañar, a mi mamá, a los tiempos felices, a esa vez que eramos felices, en casa, no en esta, en la otra, cuando papá hacía reír a mamá, cuando no estaban separados; extrañar a papá, cuando él era papá, no esa persona cuyo recuerdo me obliga a decirle a papá; extrañar a mi hermano pese a que cuando él estaba no lo extrañaba, extrañar a mi sobrina, abrazarla, jugar con ella, a mi sobrino, a jugarlo, a pelearlo, a pelearlos a ambos, a besarlos, a enojarme, y extrañar a mi cuñada, a hablar con ella, a estar ahí; extrañarlo la, que esté ahí conmigo y mirar mi celular sin saber si hablarle o no. Extrañar tener cinco años, siete, diez. Extrañar la falta de responsabilidades. Extrañar no necesitar tener un cuerpo perfecto para sentirme mejor. Extrañar pintar sin ser perfeccionista, extrañar tener muchos amigos, porque en aquel momento todos lo eran. Y levantarme, apagar un poco la música, abrir los ojos, mirar a todos lados esperando que alguien se de cuenta, esperando que ese alguien me abrace y ese abrazo sea suficiente para hacerme sentir mejor. Una fantasía, una utopía, porque nada me haría sentir mejor, porque nada puede arreglar las cosas.
Quiero entonces vivir con espontaneidad, seguir siendo así de bohemia, de romántica, de soñadora, menos extremista, menos impulsiva, menos dependiente.



Quiero seguir sin saber, para asombrarme ante las explicaciones.
Quiero seguir sin revisar mis escritos porque retomar lo que se escribe para corregirlo significaría cambiarlo todo.