viernes, 25 de diciembre de 2015

2016.

Cosas que tengo que empezar a hacer este 2016 para tener una mejor y linda vida y que, probablemente, no haga pero, ¡Animos a mi misma! Quizás se puede *not*


  • Asistir a todos los turnos de los médicos. Cada vez que lo haga me regalo algo a mi misma. 
  • Dejar de gastar en boludeces!
  • Ahorrar $2000 por mes.
  • Comprar cosas lindas para los cumpleaños. No, estas NO son boludeces, este año no compré casi nada.
  • Conseguir un laburo que me de plata, sea por pocas horas, me deje estudiar, y no tenga que andar limpiando pisos, yaaaay.

miércoles, 20 de mayo de 2015

No se trata de ella.



¿Acaso no es triste?

Me paso los días encerrado mirando el techo de mi habitación mientras reposo en la cama que alguna vez fue para los dos. Cierro los ojos y respiro, intento calmar mi respiración porque se lo que va a venir sino logro, desde ya, controlarlo: La desesperación. O, peor aún, la angustia.
Sé cuándo está por venir, lo presiento por la manera en la cual mi pecho se contrae y mis pulmones son incapaces de funcionar correctamente. Cierro los ojos. Respiro. El aire se densifica y las palpitaciones aumentan. Mantengo los ojos cerrados. Sigo respirando imitando una tranquilidad que no poseo. Que en este momento olvido que he conocido alguna vez y, sin embargo, me esfuerzo para que se produzca.

Agustina desapareció de mi vida hace ya un año.

No, no es a ella a quien extraño, ni tampoco la causa de mis ataques de pánico ni la razón por la cual no puedo dormir de noche. Conozco la razón por la cual todo esto pasa y sería injusto de mi parte adjudicarle a ella una condena que no le pertenece y un peso que debo cargar yo solo.
Ella se fue, me lo dijo en la cara al menos cinco veces, una más impaciente que la otra pero, al fin y al cabo, me lo dijo.

“El que avisa no traiciona” o, podría traducir aquella frase a una que me dijo tiempo atrás, las primeras semanas en las que empezábamos a conocernos: “No puedo prometerte que el día de mañana voy a seguir amándote. Vos tampoco, es así, los sentimientos cambian…”. Por supuesto cuando me lo dijo me quedé tildado apenas unos segundos, recuerdo la sucesión de mis acciones como si hubiese ocurrido hoy: Capté sus palabras, las guardé en alguna parte de mi cabeza sin comprenderlas, y continué hablándole de algo que no tenía nada que ver. Un año y meses más tarde me lo volvió a recordar y ahí capté, casi inmediatamente, que no podía decirle nada.

Como decía anteriormente: No es a ella a quién extraño.

Sino sus caricias. La manera en la cual las yemas de sus dedos bordeaban mi espalda y se aferraban a mi piel en cada trazo mientras nos contemplábamos perdiéndonos en el tiempo y espacio. Mi figura reflejada en su mirada, en aquellos ojos de color miel, me provocaba una sensación extraña, como si escalofríos se apoderaran de mí y entonces era incapaz de comprender que sucedía. Y todo aquello, toda la suma de acciones, resultaba en impotencia de no ser capaz, de no lograr juntar el valor suficiente que necesitaba para decirle que la amaba.

Me arrepiento pese a que, en aquel momento, el silencio lo decía todo.
Y odio saber todo lo que podría haber dicho en su momento, porque su mano en mi pecho reconstruía mi alma y nunca logré hacérselo saber.
Porque me bastaba un abrazo suyo para reconstruir cada pedazo de mi día, de mi semana, del mes que se había roto junto con mi tristeza. Los días tristes recuperaban su color y mi angustia no era más que un mal sueño.

Porque, al fin y al cabo, era la única persona a mi lado.

sábado, 17 de enero de 2015

Tengo miedo.

Soy una persona llena de inseguridades, me preocupo tanto del futuro, de lo que puede llegar a pasar que no logro vivir el presente. Y se que no soy la única a la cual le ocurre esto, que hay mucha gente allá afuera con el mismo problema.
Tengo miedo de morir quemada o ahogada;
... especialmente morir de alguna extraña enfermedad que los médicos nunca pudieron encontrar.
También de no poder cumplir mis expectativas,
tengo miedo de trabajar toda mi vida de algo que no me gusta,
o de nunca encontrar lo que me llene.
Tengo miedo de no poder terminar la universidad,
tengo miedo de morir sola.
Tengo miedo que una y otra vez se repita la misma historia y me dejen por lo que soy:
Una mina extremadamente rompe bolas, que está super mambeada y no deja de ser contradictoria.
Tengo miedo, y esto quizás genere repulsión en quién lo lea o molestia, pero tengo miedo de ser gorda.
Me cuesta muchísimo comer un plato de fideos (harinas en general). Me cuesta tomar gaseosa, comerme una hamburguesa, papafritas, me cuesta mucho, siento que esa hamburguesa me va a dar dos kilos de grasa que nunca voy a poder bajar.
Tengo miedo de ser inútil durante toda mi vida.
Tengo miedo de que algún ser querido se muera.