Repetir incansablemente “no me importa”, como si se tratara
de un mantra, no es más que un acto contradictorio. Creemos –en vano- que
debería funcionar porque los estudios han demostrado que, después de todo, los
deseos inconscientes terminan por cumplirse. No obstante cometemos el error de intentar
imponerle a nuestro inconsciente que no nos importa, y los intentos fallidos
dan como respuesta que, por mucho que queramos, hay una parte nuestra que no
quiere que eso suceda; porque si nos creemos tal mentira, entonces actuamos
como si esa fuese la verdad y ésta parte, la que se niega rotundamente, sabe
que de ser así mandaríamos todo a la mierda porque “no nos importa”. ¿Y de
verdad no nos importa? ¿Qué tanto nos debería importar para no hacernos mal
pero, a su vez, seguir prestándole atención? Te crees a vos mismo que no
importa que no te haya respondido el mensaje, de tal manera que al día
siguiente no te habla y tampoco le hablás (siempre manteniendo el factor clave,
el gran no me importa), pasado ese día te habla pero no le respondés porque no
te importa y llevás tal pensamiento a la ruina de la relación, o de lo que
podría haber sido una. Porque obviamente, es más fácil enredarse con los
pensamientos que aceptarlo y dejarlo ir.
jueves, 27 de marzo de 2014
sábado, 22 de marzo de 2014
El día de hoy.
El día de hoy no tengo ganas de nada, ni siquiera de mimos porque no quiero que nadie me vea tan deplorable, tristeza hundida en mi rostro sin ganas de desaparecer. El día de hoy quiero acostarme en la cama, con el placer de tener al menos tres frasadas encima mío e irme cada vez más abajo, para taparme más, y estar llena de almohadas que me hagan compañía. El día de hoy quiero sentarme en la cama y leer un libro mientras tomo té o café con leche o miro la tele. El día de hoy quizás si quiero recibir mimos, que él me diga que está todo bien, que me abrace así como él suele hacerlo. El día de hoy quiero convencerme de que está todo bien, de que él no me gusta, de que no soy una tarada, de que él no piensa que soy una tarada. El día de hoy quiero poder tener la certeza de que mi vida no es un asco, o que al menos va a mejorar con el tiempo. El día de hoy quiero llorar hasta sentirme mejor. El día de hoy quiero escuchar música hasta hartarme, y conocer nuevos artistas, y discutir de música y aprender un poco más, porque se nota que no se nada, nunca se nada y quedo como una boba, porque yo nunca se. Y lo peor es que me gusta no saber, me gusta no saber porque me encanta aprender y abrir los ojos como tonta y sonreír porque me siento incómoda cuando la gente me pregunta ¿en serio no sabías eso? y es que no entiendo el punto de saberlo todo, pero pareciera que hay que aparentar pedir disculpas por eso.
El día de hoy no quiero ir a trabajar.
El día de hoy no quiero ir a trabajar.
Desahogo
Uno llega a la duda existencial del ¿soy yo o los otros? y se queda en el medio de ambas, intentando descubrir cuál será cierta y suele suceder que es depende el momento y el ahora el que hace que uno termine eligiendo por una o por otra.
Para no dar muchas vueltas al asunto, me refiero a ¿soy yo la culpable de que todo salga para la mierda, por que tengo una personalidad de mierda? ¿o son los otros porque todavía no encuentro a nadie capaz de soportarme? Uno proyecta y el resultado es que se cumpla. "Me va a dejar" y te termina dejando. "Me va a salir todo mal" y termina saliendo todo mal, ponemos tanto énfasis en lo negativo que... termina pasando.
Lo malo de no ser una persona centrada y, al contrario, extremista yendo de un punto al otro, es que lo que en otro momento te parecía una muy buena idea, al siguiente resulta ser la razón suficiente para querer morirte o dormir y despertar dentro de 50 años cuando todos estén casi muertos.
Me parece una muy buena idea ponerme en pedo, sabiendo que voy a terminar llamando a gente y haciendo pelotudeces, pero luego de hacerlas al día siguiente quiero matarme y no saber nada de nadie. Es normal, igual. Todos los que somos así lo sabemos, no estoy diciendo que soy excepcional, más bien que soy una pelotuda.
Ayer tomé y llamé al chico que me gusta, no recuerdo que dije, creo que me gustaba mucho, que se iba a coger a otras minitas, cosas así, y el chabón se reía, creo. También me levanté la remera mostrando el corpiño, y yo me pregunto, ¿por qué termino saliendo con gente con la cual no tengo tanta confianza?
El tema es que estoy triste porque no soy capaz de ponerme de pie y decir "Esta soy yo", más bien, me escondo, intento no llorar, pido disculpas, y pienso repetidamente que mi manera de ser sólo logra alejar a la gente. Y capaz llegue esa persona que me tome de las manos, me mire a los ojos y pueda ver con toda su sinceridad que me quiere de verdad, pero si no aprendo a quererme un poco, no voy a poder sentirlo. Podría ver que está siendo sincero, pero no voy a sentirlo.
No siento que la gente que me quiere, ni un poco.
Y creo que nadie va a querer estar conmigo porque soy una especie de representación de la tristeza.
Para no dar muchas vueltas al asunto, me refiero a ¿soy yo la culpable de que todo salga para la mierda, por que tengo una personalidad de mierda? ¿o son los otros porque todavía no encuentro a nadie capaz de soportarme? Uno proyecta y el resultado es que se cumpla. "Me va a dejar" y te termina dejando. "Me va a salir todo mal" y termina saliendo todo mal, ponemos tanto énfasis en lo negativo que... termina pasando.
Lo malo de no ser una persona centrada y, al contrario, extremista yendo de un punto al otro, es que lo que en otro momento te parecía una muy buena idea, al siguiente resulta ser la razón suficiente para querer morirte o dormir y despertar dentro de 50 años cuando todos estén casi muertos.
Me parece una muy buena idea ponerme en pedo, sabiendo que voy a terminar llamando a gente y haciendo pelotudeces, pero luego de hacerlas al día siguiente quiero matarme y no saber nada de nadie. Es normal, igual. Todos los que somos así lo sabemos, no estoy diciendo que soy excepcional, más bien que soy una pelotuda.
Ayer tomé y llamé al chico que me gusta, no recuerdo que dije, creo que me gustaba mucho, que se iba a coger a otras minitas, cosas así, y el chabón se reía, creo. También me levanté la remera mostrando el corpiño, y yo me pregunto, ¿por qué termino saliendo con gente con la cual no tengo tanta confianza?
El tema es que estoy triste porque no soy capaz de ponerme de pie y decir "Esta soy yo", más bien, me escondo, intento no llorar, pido disculpas, y pienso repetidamente que mi manera de ser sólo logra alejar a la gente. Y capaz llegue esa persona que me tome de las manos, me mire a los ojos y pueda ver con toda su sinceridad que me quiere de verdad, pero si no aprendo a quererme un poco, no voy a poder sentirlo. Podría ver que está siendo sincero, pero no voy a sentirlo.
No siento que la gente que me quiere, ni un poco.
Y creo que nadie va a querer estar conmigo porque soy una especie de representación de la tristeza.
lunes, 3 de marzo de 2014
Entre trimestres y "quieros"
Ultimo mes del trimestre y sigo con los cinco kilos de más, sola -porque nadie parece querer permanecer a mi lado-, y con tristeza que vengo arrastrando del año pasado. Estoy igual. Quizás más independiente, con plata porque trabajo, pero a eso nunca se lo puede llamar felicidad, porque la felicidad sería no depender de papel con colores que intentan hacerte sentir cuánto valés.
Decir que tengo cinco kilos de más va a provocar que gente salga a decirme que no estoy gorda, ¿pero no se dan cuenta que no se trata de eso? Nunca se trata de eso. Yo diría que me deprime la cantidad de pereza que mi cuerpo acumula a tal punto que no puedo estar treinta días de corrido comiendo bien y haciendo ejercicio. No estoy obesa, mucho menos gorda, tampoco "rellenita" (ponele), no, solo me falta, por un mes, trabajar en algo que luego va a ser mucho más fácil mantener. Cuando lo pienso de esa manera me da mucho más asco mi ser.
En fin.
Quiero seguir sin saber, para asombrarme ante las explicaciones.
Quiero seguir sin revisar mis escritos porque retomar lo que se escribe para corregirlo significaría cambiarlo todo.
Decir que tengo cinco kilos de más va a provocar que gente salga a decirme que no estoy gorda, ¿pero no se dan cuenta que no se trata de eso? Nunca se trata de eso. Yo diría que me deprime la cantidad de pereza que mi cuerpo acumula a tal punto que no puedo estar treinta días de corrido comiendo bien y haciendo ejercicio. No estoy obesa, mucho menos gorda, tampoco "rellenita" (ponele), no, solo me falta, por un mes, trabajar en algo que luego va a ser mucho más fácil mantener. Cuando lo pienso de esa manera me da mucho más asco mi ser.
En fin.
Quiero hacer cosas nuevas, quiero aprender a tocar al guitarra (¿algún día va a pasar?); quiero tener más tardes lindas, en especial ahora que llega el otoño y vamos a ver como los árboles se colorean, colchones de hojas en el suelo, brisa fresca chocando contra mi cara, anhelo desesperado por tener a alguien a mi lado, alguien a quien tomarle la mano mientras tengo frío. Que no se mal interprete, el tiempo a solas es increíble y placentero, pero... la soledad... a veces es necesario de alguien más. Un hombro en quien llorar, unos labios que acaricien el propio y que nos guste como lo hacen, porque besar, se puede besar a cualquiera, ¿pero cuando a alguien que realmente queremos besar? Gustar de alguien es tan complicado cuando se es como soy yo. Aliento la espontaneidad y vivir el día a día, pero no dejo de querer aferrarme a los pequeños sentimientos, como si fueran la clave de un éxito mayor, de una puerta al futuro deseado. Después de estar tantos meses a la defensiva, estoy comenzando a pasar a ser blanda de nuevo. Obviamente tengo mis dudas y miedos, pero a veces me pregunto cómo hago para ponerme de pie tan rápido. En julio me estaba queriendo matar, en noviembre me daba asco el sexo, el diciembre empecé a salir con alguien, en algún punto cogí (aunque no lo disfruté), en febrero corté, en febrero empecé a salir con alguien, ese alguien me gusta, ese alguien no quiere nada serio y estoy acá yo, queriendo saber que quiero yo.
¿Pero no es muy pronto? ¿No tendría que estar acaso mucho más arisca a la gente? Siempre pasa lo mismo conmigo. Me levanto y me vuelvo a caer. Lo intento de nuevo porque se que hay algo mejor. No, no me estoy quejando, me estoy sorprendiendo por mi naturaleza masoquista.
Retomo: Estamos comenzando marzo y solo estoy trabajando. Corrijo, estamos comenzando marzo y no estoy haciendo nada. Trabajar da plata, no me llena para nada más.
Quiero estar en una relación. Quiero agarrarle la mano y correr por una plaza. Quiero que la gente vea lo felices que somos. ¿La gente? No. Quiero verlo yo misma, quiero sentirlo, que me recorra por todo el cuerpo, que queme mis mejillas. Quiero acostarme en el colchón de hojas junto a esa persona, quiero mirarnos y que sonriamos con la luz del sol en el medio del atardecer, disfrutar del silencio mientras nos acariciamos. Empezar por la frente, bajar por su mejilla, seguir por sus labios, mirar sus labios, sonreír al mirarlos, tener en cuenta lo perfecto que el o ella se ve. Besarlo. No. Estar a punto de. Detenerse. Jugar. Finalmente besarlo. Todo en un silencio ensordecedor, que no nos importe nada ni nadie. Y que el calor no nos impida buscar el calor del otro. Estar abrazados, acostados o simplemente tomándonos de la mano.
Quiero subirme a un colectivo con esa persona y que ninguno de los dos sepa a donde termina, pero que nos bajemos donde queramos y disfrutar, y caminar. Y tomar algo en un café que no conozcamos y que quizás el café sea horrible, que la comida sea horrible, que ese lemon pie que pedí lo sea y que no nos desagrade, que eso no arruine nuestra noche porque es increíble, todo lo es y tiene su toque romántico en esa fealdad. Y aún así dejar propina e irnos tomados de la mano, o que quizás yo la esconda no solo mi mano, sino mi persona, detrás de un árbol, de una manera tan mala que sea gracioso y escuchar su risa mientras me busca. Quiero volverme a casa y que el amor me inunda, sentir que tengo cinco años, o siete, o todos a la vez, porque con esa persona el mundo no debe detenerse, sino girar en todas las direcciones posibles.
Quiero ir a ver una película mala en un cine independiente, y que nos riamos porque es ridículo, porque nada tiene de malo ver una producción de hollywood. Quiero tomar tpe y café y comer lemon pie, sacar fotos, sacarle fotos. Ver atardeceres de colores lilas y anaranjados que se mezclan, que conviven con nubes ridículamente pálidas pero también grises. Ver esos atardeceres con esa persona.
Quiero ir a un bar desconocido en calles poco transitadas y que la música sea muy buena o quizás muy mala, que haya tragos excelentes o safables, emborracharse, cantar junto al cantante, hablar con otra pareja, encontrarnos turistas. Que el maní de cortesía sea un asco, que me lo prohiba comer porque entonces yo sería un asco, pero hacerlo de todos modos y luego intentar besarlo, que no me deje, que se ria, que me bese. Y salir de ese bar con tanto alcohol en sangre que no pueda caminar recto, ni yo ni él, pero hacerlo de todos modos y acostarnos en el suelo, hacer eso que a mi tanto me gusta mientras sale el sol. Cerrar los ojos y sentir la mirada de él ella en mi rostro, intentando comprender esos mambos que son como un gran acertijo, entonces que yo sonría mientras lo la mire y diga que está todo bien, que se debe dejar sentir como todo ese peso del ambiente, del pasado, del presente, todo eso que lo asusta se quede debajo del pavimento, o mejor aún, que explote, que ascienda hasta el cielo, que se sienta libre como me siento yo cada vez que me acuesto a esa hora y en esos lugares. Y si no lo comprende, que al menos me haga compañía, y si me comprende se que no será de la misma manera, pero una u otra sería especial y nos quedaríamos hasta ahí hasta aburrirnos o hasta que algún auto pase.
Quiero ir a su casa, que me preste su ropa porque seguramente no llevo ropa apropiada, reírnos, pelearnos por qué canción es mejor, por cual no, hablar, hablar durante horas, sobre cosas serias, sobre boludeces, y dormir juntos, después de dos, tres, cinco bostezos.
También quiero estar sola, leer, tomar un té, pasear, mirar vidrieras, sonreír, disfrutar, simplemente disfrutar de todo lo que está bien, de todo lo que está mal. Quiero escuchar música hasta sentirme sola y entonces extrañar, a mi mamá, a los tiempos felices, a esa vez que eramos felices, en casa, no en esta, en la otra, cuando papá hacía reír a mamá, cuando no estaban separados; extrañar a papá, cuando él era papá, no esa persona cuyo recuerdo me obliga a decirle a papá; extrañar a mi hermano pese a que cuando él estaba no lo extrañaba, extrañar a mi sobrina, abrazarla, jugar con ella, a mi sobrino, a jugarlo, a pelearlo, a pelearlos a ambos, a besarlos, a enojarme, y extrañar a mi cuñada, a hablar con ella, a estar ahí; extrañarlo la, que esté ahí conmigo y mirar mi celular sin saber si hablarle o no. Extrañar tener cinco años, siete, diez. Extrañar la falta de responsabilidades. Extrañar no necesitar tener un cuerpo perfecto para sentirme mejor. Extrañar pintar sin ser perfeccionista, extrañar tener muchos amigos, porque en aquel momento todos lo eran. Y levantarme, apagar un poco la música, abrir los ojos, mirar a todos lados esperando que alguien se de cuenta, esperando que ese alguien me abrace y ese abrazo sea suficiente para hacerme sentir mejor. Una fantasía, una utopía, porque nada me haría sentir mejor, porque nada puede arreglar las cosas.
Quiero entonces vivir con espontaneidad, seguir siendo así de bohemia, de romántica, de soñadora, menos extremista, menos impulsiva, menos dependiente.
Quiero seguir sin saber, para asombrarme ante las explicaciones.
Quiero seguir sin revisar mis escritos porque retomar lo que se escribe para corregirlo significaría cambiarlo todo.
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