miércoles, 21 de mayo de 2014

Paradojas.



Me descubriste. Soy vos pero a la vez no. Soy tu reflejo, veo tu dolor y lo expreso, pero no lo siento. Modulo con mi boca tus palabras, pero es de tus labios de donde nace el sonido. Soy y no soy. Cuando la trajiste a casa me miraste durante unos segundos mientras las besabas y notaste que me veía cansado, aunque el cansado eras vos. Viste las ojeras, recordaste las lágrimas de temprano, pero cerraste los ojos para no ver y entonces yo no fui capaz de continuar husmeando. Sólo aparezco cuando vos estás y desaparezco cuando vos seguís viviendo. El humo del cigarrillo impacta contra mi rostro cuando estás frente a mi, pero no es capaz de dañarme y estoy lejos de olerlo, en cambio vos... estás perdido, está en tus pulmones que a su vez son mis pulmones. 
Ah. Finalmente estoy despierto. Miro el espejo y se que toda pesadilla es, a su vez, una realidad. ¿Acaso el espejo siente la falta de amor que reina en mi cuerpo? Seguramente, sino no me estaría mirando con tristeza. Yo lo estoy mirando con tristeza porque se que somos uno y entonces todo mi dolor se transmite hacia él. En cierto modo lo envidio porque él solo es mi reflejo físico, no sentimental. Yo quiero ser aquel que no siente, aquel que solo mira.
Prendo un cigarrillo, siento como me mata por dentro y entonces lo fumo con más ganas.
Mi hermana tiene cáncer (quizás) y Natalia me dejó hace unas horas. Quiero llamarla y mandarla a la mierda pero no soy capaz, una parte mía me grita (si, me grita, el espejo lo nota, se quiere tapar los oídos, cierra los ojos unos segundos, respira) que no es ese el problema, es más profundo que eso y–y yo no tengo tiempo de ser mi propio psicólogo.
¿Mi hermana tiene cáncer? Imposible. No. De todas maneras no siento que me importa, la sangre no es más que eso... sangre. Hay muchas personas allí afuera con mi mismo tipo de sangre y sin embargo puede pasarle un tren por encima que yo voy a seguir fumando tranquilo, porque no me importan. Que sea mi hermana significa que hemos pasado muchas cosas juntos, pero la mayoría son una mierda, entonces tampoco me debería importar. Y sin embargo estoy pensando en eso.
Natalia me dejó. "Ya no puedo más" está bien, amor, vos no podés más, yo tampoco. La llamé a Camila, la vi, casi cogemos–casi. No quise, ah, no, no, no por vos... sino porque estaba molesto, por mi hermana, igual no me importa, pero en ese momento significó lo suficiente para hacerla a un lado.
Hace tres años estamos juntos y está bien, te respeto, ¿sabés? Es muy difícil ser el que deja, el que toma la decisión... vos... vos tomaste una decisión muy importante, Nati, y te respeto.
No como a mamá que nunca está en casa, bah, vos sabés a qué me refiero. Mamá está en casa pero su presencia es casi invisible, se hace notar a travez de las quejas y los bufidos molestos que me sacan de quicio, pero nunca pregunta... nunca habla... Bah, ya no me importa, lo escribo porque ya no importa, si me importara no escribiría.
No te voy a extrañar Nati. No, ¿qué más da? No somos nada. Ya no somos nada, quizás dejamos de serlo hace mucho tiempo, incluso antes de conocernos.
El gato me mira y tengo miedo. Me dijeron que los gatos miran espíritus, ¿será verdad? ¿estás muerta y estás acá leyendo mis pensamientos? O quizás sólo mira esa parte que dejaste conmigo para no volver a retomar nunca más.
Está bien, dejala acá, yo la voy a cuidar... siempre fui un poco boludo, la esperanza nunca la pierdo así que si, quizás creo que vas a volver. Pero no lo vas a hacer.
El espejo me mira... me mira... me mira... ¿tendrá una hermana? ¿una madre? ¿acaso allá será diferente? Quizás en su mundo su familia tampoco siente entonces se tratan todos bien o ni siquiera se tratan y no importa porque nadie siente o quizás no tiene familia o sino muy alejada, en el cuarto de mi hermana, por ejemplo. Quizás no tiene madre porque en el cuarto de mamá no hay espejo, mamá los odia. Una vez le compré uno y lo rompió, Nati, vos estabas ahí.
Y mi hermana se va a morir y mamá se va a morir también y yo voy a estar acá fingiendo que me importa y no me importa, Nati. Bueno, tengo que admitir que me hubiera gustado tenerte acá conmigo, pero bah... puedo llamarla a Cami o a Pau, no importa eso ya.
Acá lo que importa es ese que me mira. No, no el gato, Nati, el espejo.
Pasan los minutos y estoy más convencido de que él vive mejor que yo, y por lo tanto, si lo rompo una parte de él se va a esparcir por toda la habitación y me va a llenar de él y las cosas van a mejorar. Tiene sentido, Nati. Lo voy a romper.
Lo rompí.
Y no me siento mejor, me siento más triste.
Es una manera de decir, de todos modos, porque estar triste significa que me importa y a mi, Nati, a mi no me importa.

martes, 13 de mayo de 2014

Cotidianidad.

«La vida cotidiana es el refugio de lo seguro (...) es el lugar en el que [uno mismo] se siente protegido dentro de una trama sólida de hábitos y rutinas que se fue creando en el trascurso del tiempo, de recorridos conocidos, rodeado por caras familiares»


Rompamos con la cotidianeidad, vayamos a lo no-seguro, a aquello que de tan solo pensarlo nos produce un sentimiento de inseguridad que recorre nuestro organismo y nos obliga a cerrar a los ojos, a dudar. Hay que mentalizarse, el miedo como emoción que se traduce a curiosidad, no como una barrera que hemos aprendido a construir a travez de él. Sepamos que el camino del fracaso está vigente, quizás más presente que antes, pero que nos influencie a seguir, entusiasmados a no retroceder y descubrir que hay por delante.
Porque la gente está demasiado cómoda en su casa, con sus costumbres, con sus caminos ya sabidos de memoria, con el saber que nada puede salir mal y que, de hacerlo, hay un plan B que sigue siendo parte de esa rutina asfixiadora.
Vemos el mundo pero no lo vivimos. Viajamos en colectivo pero no conocemos aquellas calles que a penas vislumbramos por la ventanilla, escasamente hemos prestado atención a las calle secundarias o al kiosko a dos metros de la esquina; porque conocer es –obviamente– mucho más que eso. Es bajarse, es caminar, es observar detenidamente y comprender que con tal solo diez pasos que hagamos, vamos a estar frente a la tintotería o a la cafetería donde aquella mujer nos atiende sin ganas. Nuestra vida es un encierro; hay que salir de éste y para ello debemos mirar más allá del celular o del libro del cual estamos fijando nuestra atención, hay, en cambio, que hablar con aquel joven que en menos de cinco minutos ha armado el cubo mágico tres o cuatro veces; hablar con el pelirrojo de al lado que está leyendo Homero o preguntarle a la chica de en frente si conoce un bar lindo por la zona.
Lo cotidiano encierra al cuerpo impidiéndole asombrarse y lo condiciona paulatinamente en un sistema de pulsaciones predestinadas, ya analizadas.

«Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con pareja intensidad»

domingo, 11 de mayo de 2014

11.05.2014

Está escondida en una de las esquinas, las luces proyectando diversos colores sobre su tez que ha perdido toda expresión, ahora está demasiado calmada, cerrando los ojos y moviendo las manos al ritmo de la música, aunque sus movimientos se encuentras entorpecidos por la paz que siente en ese momento. Y sus manos delgadas se mueven, su cuerpo las acompaña, su cabeza va de un lado al otro, pero siempre en slow motion. Cuando abre los ojos ve una joven de cabello oscuro y ondulado, de flequillo recto y ojos profundos, que tiene unos labios que se mueven pero ningún sonido sale de ellos. Frunce el ceño, no entiende, intenta comprender dónde está, todo en una fracción de segundo que permite que ella no se da cuenta.
—¿Fuego? —Habla con acento español y sonrie, siempre le ha gustado ese sonido. Cierra los ojos luego de asentir con la cabeza, aunque en teoría ya no pueda ver más nada, las lucen siguen apareciendo—. Gracias —Pero no se va, se queda con ella y en silencio se miran, o miran a los demás y luego vuelven a mirarse, se sonríen, se acercan un poco más, cierra los ojos disfrutando de la compañía que en aquella circunstancia está fuera de la anormalidad. 
Cuando abre los ojos la paz sigue con ella y lo mismo la joven.
—Es curioso, ¿no?
Sabe que se refiere a todos ellos bailando de frente al DJ, con la música dubstep agitando el cerebro y con el sentimiento individualista rodeándolos.
—No me desagrada, pero tampoco lo gozo desde una vista objetiva.
—¿La estás pasando bien?
—Nunca la pasé tan bien... 
—Estás en una especie de trance.
—Si.
—¿Marihuana? —Negó con la cabeza—, ¿rola? —Meneó la cabeza. "No me pegó" respondió.
—También lanza.
—Ah si.
—Siento mucha paz.
—Que lindo.
—Es increíble, como si los problemas ya no fueran problemas.
La española la miró sonriendo suavemente, sus labios delgados expresando un gusto desconocido.
—¿Cómo te llamas?
—Al —Alzó una ceja.
—Babs.
—Que lindo nombre.
La tomó de la mano antes de asintir, antes de pronunciar alguna que otra palabra, antes de nada... y la llevó al baño y se encerró con ella y la miró a los ojos, la tomó del rostro y la observó con delicadeza, como quién busca detalles escondidos.
—Sos hermosa.
—Ah, gracias. Vos también.
—No, lo digo en serio.
—¿Por qué mentirías?
—Lo confirmo porque parecés del tipo de chica que necesita confirmación para empezar a creer aunque aún no pueda hacerlo del todo.
Creyó que el beso iba a ser desesperado y forzoso, pero más que capturar sus labios, quería buscarlos y al hacerlo los acariciaba para alejarse y desprenderse de su piel, sus manos acariciando sus brazos sin ir más allá. Y la musica sonaba y la gente hablaba y ella la besaba y a su vez comprendía entender, estaba allí, no estaba allí, ¿dónde estaba? Pensó en él, pensó en ella, pensó en su amiga, en su compañero, en aquel chico de la esquina del bar. Y mientras tanto besaba y la acariciaba y ya habían dejado de buscarse hace mucho tiempo para completar finalmente el ritual y abrazarse. Oh, no, no se conocían en lo absoluto pero se estaba tan bien así. 
—Pasame tu número.
—Dale.

viernes, 9 de mayo de 2014

Cáncer.



—Puede ser que tenga cáncer.
Las palabras salieron, se escucharon, entraron en su cabeza para dar vueltas y sin embargo le era difícil de comprender –o eso creyó–, ¿acaso no tendría que sentirse mal? Quizás, pero esa no era su realidad; seguramente aún no lo había procesado y seguiría sin hacerlo hasta que ella estuviera…
Siempre había pasado lo mismo en su vida, ante la muerte o situaciones límite su cerebro baja la velocidad de los procesos, no actuaba, reprimiendo todo sentimiento de angustia.
—Ah.
Habían pasado dos semanas desde lo ocurrido y las palabras continuaban haciendo eco. Desde aquel momento no había llorado, y sin embargo estaba pensando en aquello… Empezó a preguntarse qué es sentirse mal, si en realidad hay muchas maneras de sentirlo y si en verdad estaba mal por lo que ocurría o si en realidad la enfermedad tomaba importancia sólo porque estaba canalizando otros problemas en ella. Se sentía mal porque su mejor amiga no le hablaba, porque no lograba concentrarse en la facultad, porque su madre estaba con un imbécil… no, no se sentía mal por eso, se sentía mal porque arrojaba su angustia en aquel problema.
No estaba mal.
—¿Cómo estás?
—Cansada.
No está triste porque su novia (puede tener) tiene cáncer. No está triste porque se (va a) puede morir. Conocerá a muchas chicas, se enamorará muchas veces.
No está triste.
No está.

No.

martes, 6 de mayo de 2014

17.12.2012




—Estamos rodeados de realidad subjetiva, va, viene, a veces se mezcla con otra realidad entonces no es la tuya ni la mía, sino una mezcla de ambas que tampoco es la realidad misma. Es un conjunto de tantas cosas esto que llamamos realidad, para serte sincera no lo entiendo. Es como el amor, supongo, que no existe.
Se escuchó un llamado a lo lejos, Babs volteó el rostro pero no dijo nada, volvió el rostro con la mirada fija en su bebida que ni siquiera tomó.
—El amor es como Dios, vos no lo ves pero sabés que está, no se porque andás diciendo ese tipo de cosas, porque te cuesta aceptar tanto que estás acá sentada conmigo y no mirando lo que pasa desde un afuera inexistente.
—Porque (primero ya te dije que no creo en Dios, así que no lo metas), por mucho que lo quiera no puedo estar mirando las cosas desde afuera, pareciera, pero ambas sabemos que al fin y al cabo estoy acá hablando con vos, pero sin estar convencida de que esto vivido es la realidad.
—Igual, para serte sincera, me interesa mucho más tu teoría del…
—¿Del amor? Es una pavada y no le hace ningún cambio al mundo, quizás te hace pensar pero nada preocupante, vas a seguir amando, por lo menos vos, creo que el día que alguien me haga caso va a terminar suicidándose.
—¿Y por qué vos no? ¿Por qué no te suicidás todavía?
—Porque yo todavía no le encontré la respuesta a mis preguntas, nena, por eso. Yo hasta no encontrarlas no me muevo de esta fantasía que mi mente creó.
—¿La realidad subjetiva?
—No, esa es parte de una realidad, así como La Realidad misma que es que estoy acá hablando con vos, mirando una mesa que es negra y mirándote después esos ojos grises preciosos que tenés vos. Esa es La Realidad, nena.
—Basta de decirme nena porque no importa en que realidad estemos te voy a pegar —Tesia tomó un sorbo de su bebida, la cual se estaba enfriando y lo lamentó muchísimo porque de verdad había estado deseando beberla desde hacía semanas, como un gusto de embarazo que nunca se quita aunque la realidad (esa palabra…) era que embarazada no estaba—. A lo que iba, ¿de que realidad no pensás moverte?

Babs se fue hundiendo en el sillón, mirando distraídamente la gente caminar a metros de ella, inconscientes de toda esa charla metafísica, o más bien ignorante porque estaba segura que Tesia no entendía a qué se refería, aunque la pobre por lo menos lo intentaba.

—Ahora que lo preguntás de nuevo no sé que responderte. Yo solo sé que esto no me parece real, que dentro de esta irrealidad la gente separó La Realidad neta y la subjetiva (propia de cada uno, como te dije antes), ¿pero y si La Realidad misma no existe? Es todo psicológico, todos nacemos de lo mismo, compartimos genes bien queramos o no, pero hay algunos que se desvían y terminan daltónicos o con problemas psicológicos y ya ves, su realidad ya no es la misma y los pobres ni siquiera pueden pertenecer a la Realidad Misma porque mientras vos y yo encontramos esta mesa negra, esa persona que tiene psicosis encuentra que la mesa lo quiere asesinar o que en realidad uno se sienta en la mesa y come sobre el sillón, ¿me explico? Yo lo que no entiendo es porque tenemos que etiquetar a esta realidad como la real cuando hay gente allá afuera que no la ve por cuestiones psicológicas. Yo creo que si todos quitáramos nuestra parte psicológica e imaginativa del cerebro, podríamos ver la realidad misma, no esa definición barata que los científicos determinaron como real.
—Te entiendo perfectamente, créeme —Tesia contestó un poco abrumada por la cantidad de pensamientos que por la mente de Babs pasaban, o por la manera en la que sus ojos se cerraban, acomodando cada palabra para hacerla más fácil y que ella la pudiera entender mejor (lo cual le hacía sentir torpe, ¿pero qué  más daba? Nada).

Lo que más le angustiaba era la capacidad que Babs tenía para deprimirse por cuestiones filosóficas de las cuales no tenía respuesta y más hablaba, menos entendía y más se cuestionaba su existencia.

—Creo que si por lo menos crearte una realidad vos y vivirla, bueno, todo sería tan fácil, Babs, tán fácil.

Babs arrugó el ceño pero no se reincorporó de su asiento, tomó un poco más de café y se permitió a si misma sentir como transcurría su garganta y terminaba en alguna parte de su organismo que hacía tiempo había estudiado (no le interesaba, lo cual es raro, porque le interesaban las cosas de dudosa existencia pero algo que estaba ahí y tenía que saberlo no le daba el más mínimo de interés).

—Me refiero —Siguió Tesia mirándola con tristeza y suspiró antes de seguir, negó con la cabeza un poquito y Babs se hubiera puesto a gritar allí mismo sino dejaba el drama—, a que vos tenés que crearte una realidad y vivirla, ¿qué mas da si hay una que nadie conoce o si yo veo con una intensidad que vos no captás esta mesa?
—Ese es el problema de la sociedad, gente como vos. No, no me mires así, sino me das la razón ahora ya me la vas a dar. Se quejan de que odian lo rutinario pero es porque ellos mismos lo elijen, no se de que se queja la gente entonces. Aceptan algo y a la vez se quejan porque aburre.
—Nada que ver, te juro que no te entiendo.
—No me entiendas, me estoy empezando a enojar, dejemos la conversación por ahí, que nade entre este mar de gente, que se meta en la cabeza de ellos si es que se puede, que todos se pregunten para qué vivimos si es que no se lo preguntaron alguna vez.
—Todo el mundo se lo pregunta.
—A veces creo que me hago tantas preguntas sobre la realidad porque no le di un significado a mi vida. La persona que va a ser doctor el día de mañana sabe que después de estudiar va a ser doctor, camina por la plaza y sabe que no importa a donde vaya su meta siempre va a ser ayudar gente. Tiene algo para vivir. Yo estudio para rendir y cuando termino esa meta ya no sé; mi realidad es buscar metas para no sentirme tan vacía pero al fin y al cabo terminar siendo peor.
Babs tomó un poco más de café y miró a Tesia, quien había abandonado la tristeza y lástima hacía unos minutos, ahora la miraba con esos ojos grises abiertos y expectantes que se desviaron al notar que era observada.
—Me gustas tanto… sos una muñequita. Miro tu boca y sonrío y te juro que si esa fuera una realidad completa, me gustaría mucho vivir en ella. Tu boca es parte de vos, y tus ojos también lo son, entonces se podría decir que cuando miro tus ojos también miro tu boca y todo es tan lindo, tan tuyo… Vení, acércate.

Luego de mirarla unos segundos, Tesia deidió que quizás podría acercarse a Babs durante unos segundos, dejar que su aroma a café inundara su boca o solo rozara la parte superior de sus labios. Sino podría esperar a besarla más tarde, pero en ese más tarde tendría gusto a cigarrillo y eso le hacía vomitar (metafóricamente hablando, por supuesto, que asco eso de vomitar, nunca lo había hecho… ni siquiera de chiquita).
Cuando finalmente se sentó a su lado sintió algo muy extraña en ella y reconoció que era el efecto hecho por sus palabras.

—Se está bien acá.
—Si, hay una música hermosa en este lugar, ¿escuchas? Hasta hacía unos minutos estaban pasando La Appasionata, increíble, ya te vas dando cuenta…
—Si, creo, vos sabés que soy media bruta, pero esa la reconocí bien. ¿De qué te reís?
—De la manera en la cual me dijiste que reconociste la melodía, con una sonrisa de oreja a oreja como si eso fuese muy importante y vos lo supieras antes que todo el mundo. Creo que acá lo más increíble sos vos.
—Comienzo a pensar que tantos halagos son porque antes hubo un insulto disimulado.
—No seas así… —Susurró muy seria y sincera, la tomó con suavidad de los cachetes y le dio un beso que provocó cosquillas, de esos que te hacen sentir mariposas en la panza no importa que número de beso sea.
—Creo que ahora están tocando un tema de Yann Tiersen —Tesia susurró bajito, pegada a sus labios, mirándola a los ojos con la mirada gris que era más bien la suya porque sus propios ojos se reflejaban y le hacía sentir que eran una sola persona, un cliché tan romántico como real.
—Increíble tipo, la verdad.
—Keep kissing me —Insistó con ojos suplicantes, haciendo pucherito porque le gustaba que Babs fuera quien la besara y no al revés.
—Nos están mirando todos, es de terror, fíjate que se viene una pareja que ellos consideran normal le sacan fotos para mostrarlas al mundo porque son muy lindo, si, si, ya lo creo yo.
—Que se vayan a la mierda.
—Que se vayan a cualquier lado, a mi no me importa, pero prefiero reservarme la para vos sola, no para un público que encima me critica.

Tesia se puso de pie, se levantó con cuidado porque era muy torpe y siempre tendía a caerse.

—Vamos a casa.
—Dale, vamos.
Babs dejó las cosas y se fueron tomadas de la mano, por lo menos la realidad que los científicos le habían machucado en la mente le insistía en que era de noche, que las manos de Tesia se sentían calientes alrededor de la suya y que mañana iba a ser otro día de pensamientos intranquilos… pero ese día no era hoy.

26.03.2013

Escribí esto hace un año.


Es en la noche cuando más te extraño, siento tus besos con melancolía que se desgarra, se pierde en ese espacio que ocupa mi mente y va a parar la misma conciencia, se junta, se mezcla, te extraño más y a veces menos pero siempre estás ahí cuando no te veo. Quiero abrazarte, poder acurrucarme junto a vos, sonreír cuando me decís que me querés y sonreír aún más cuando vos sos quien sonríe y mirar tus labios, observar tu rostro, dejar que mi mente descanse en tus ojos castaños y quedarme muda porque las palabras no bastan o simplemente sobran y estamos en la misma, en la misma angustia de no poder tenerte, o de tenerte sabiendo que te vas. Yo quiero que te quedes un ratito más, que me busques, que me encuentres, y encontrarte yo también cuando tengo miedo de avanzar, esforzarme por ese pasito que me falta y que lo veas, que te sientas bien, hacerte feliz porque lo merecés. Quiero ir a Starbucks con vos, quiero merendar todos los viernes, o los sábados o no merendar y abrazarte un poco más, y que te quedes a dormir en casa y volver a rodearte con mis brazos o que seas vos quien lo hagas porque no hay momento que aprecie más en el día que cuando me siento contenida por tu amor. Me gusta reír a tu lado. Me gustás vos. Me gustás mucho. Y quiero pasar más días así de lindos con vos, y días malos como cuando no nos hablamos, como cuando pienso que está todo mal aunque quizas -seguramente- esté todo bien, y ponerme mal cuando mencionás a otras y ponerme bien cuando me asegurás que estás solo conmigo, aunque te miro recelosa de tus palabras pero en el fondo te creo y eso es lo único, lo especial entre los dos, que sos el único que logró que le creyera. No importa mi desconfianza, mis palabras de miedo que se que estás siendo sincero, que estás acá conmigo, que empujás contra mi porque te negás a abandonarme y es todo tan lindo, tan perfecto a veces tan triste, pero sigue siendo parte de nosotros y aprendo a como actuar, aunque en realidad nunca aperndo nada porque siempre es diferente. Acostarme en la calle a tu lado sin conocernos, encontrarnos en Gurruchaga sin saberlo, y estar ahí con vos cuando estás a punto de soltar y que me quiera un poco más cuando no me soporto. Y es en la noche cuando más te pienso, porque al fin y al cabo es cuando no te tengo.

domingo, 4 de mayo de 2014

No, you don't love boats. You love the idea of a boat.

Lo podríamos traducir a
No, you don't want a relationship. You love the idea of having a relationship.

sábado, 3 de mayo de 2014

No pienses.


Había dejado todas sus relaciones para recaer en lo básico, dejando la simpleza olvidada mientras avanzaba hacia la cocina o se dormía en la cama para descansar un rato, porque de tenerla las cosas serían un blanco total pero había demasiados colores ahogando su mente.
Ahora compartía cama con una desconocida que no dejaba de hablar de su ex. ¿En qué momento su vida había tomado aquel giro depresivo? Respiró hondo mientras intentaba callar la voz ajena consumida por el cigarrillo y el sexo. Cuando giró la cabeza a un lado de la cama observó la tele, la computadora, su celular, su remera tirada a unos centímetros y, como un choque de respiración atolondrada, la recordó a ella.
Recordó que hasta hacía unas semanas había pasado tiempo en esa misma habitación,

sus labios buscándo cada parte de su piel;

 la misma cama, la misma computadora frente a ellos iluminándolos,

mientras hablaba de que se sentía triste
de que lo extrañaba
de que siempre las cosas con él se sentían igual de ingenuas
que una primera vez;
y otra remera ocupaba el lugar de la actual, al lado de un corpiño y unas medias.

y se quedaban dormidos
sentiendo sus brazos rodéandolo


Frente a similitudes no podía evitar sentirse ajeno al ambiente de todos los días. Un desconocido en una habitación de hotel.
La costumbre es comodidad y la gente necesita dejar de sentirse cómoda para empezar explorar.
Y él estaba demasiado cómodo.

—Es tiempo de que te vayas —Le dijo reincorporándose.

La joven lo observó de arriba abajo aún tendida en la cama e hizo de su cabello rubio a un lado y sonrió un poco.
No se despidió con un beso después de haberle bajado a abrir, apenas la miró, murmuró que se cuidara y fue por pura obligación a su poca moral.
En su habitación observó completamente tildado la pantalla de la computadora, en un costado estaba ella conectada pero no se atrevió a hablarle. Le provocaba una especie de desasosiego increíble verla allí, por más que se tratara de una cosa virtual. Hundiendo el rostro en la almohada, se esforzó en no pensar.

No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses. No pienses. No pienses.  No pienses. No pienses…





No tenía miedo porque estaba solo, sino que estaba solo porque tenía miedo.

jueves, 1 de mayo de 2014

Escribir sobre


Dijo que iba a escribir sobre las plazas, sobre los asientos, sobre los colectivos, sobre el silencio en los colectivos, sobre la individualidad en los transportes (e iba a utilizar la palabra transporte); dijo que escribiría sobre el amor, sobre la tristeza, sobre él, sobre ella…
Dijo que iba a escribir sobre los besos y el sexo y las tetas y el agarre; sobre las manos, sobre la piel, sobre las caricias, sobre sus dedos deteniéndose en sus mejillas, sobre sus ojos mirándola enternecido (con esos dedos en sus mejillas), sobre sus labios acercándose de a poco, sobre ella cerrando los ojos cada vez que sus labios se acercaban de a poco…
Dijo que iba a escribir sobre las calles y las plazas (de nuevo) y la noche y el cielo de día, de noche, de tarde, de madrugada…

Pero no logró escribir nada, porque perdía mucho tiempo de su vida pensando y no haciendo, imaginando egoístamente sin tener en cuenta a los demás y poco a poco se fue cerrando en un cuento, que se llenaba día a día y cuyas páginas no eran más que porciones de su mente.