—Si, es como si nunca hubiese pasado lo de...
—No lo digas, no importa.
Me miró un instante pero agachó la vista guardándose palabras en medio de la garganta, lo sabía por la manera en la cual tragaba saliva, como si le costara. No importaba cuántas veces me lo cuestionara, Augusto siempre seguiría siendo el de siempre. Y si bien no me gustaba su manera de hablarme, ni mucho menos de mirarme era sólo porque con todos los demás se comportaba de un modo distinto, mucho más peculiar, menos interesante, pero en especial más agradable y yo no lograba comprender, porque él mencionaba todas esas palabras maravillosas cuando hablaba conmigo y yo no entendía, no sabía comprender qué decía ni porqué. ¿Por qué hablaba así? ¿Por qué yo no entendía? Me sentía un imbécil pero uno no puede decir nada, no puede decir que se siente como un completo tarado, tampoco puede mencionar que cree que su amigo menciona palabras increíbles, y... mucho menos, que no las entiende.
• • •
—¿No crees que es un poco tonto como se hablan todos en los libros? Como relatado.
—Si, si, usando palabras como las que acabás de decir... relatado.
—Perdón, no soy yo, ¿sabés?
—Si, si, lo sé.
• • •
—¿Qué querés ser cuando seas grande?
—No quiero ser parte de ese "ser alguien en la vida."
• • •
—Me gustás.
Cuando me lo dijo me quedé de pie mirándola sin creer, porque es allí donde la baja autoestima lo lleva a uno, a la desconfianza, al desconsuelo, al des--
Ella es todo menos des- es mucho más que eso, con ella las palabras no necesitan prefijo, porque todo tiene su significado tal cual es. Ella es mucho más que suspiros, que histeria, que locura incontrolable, que hormonas revueltas y besos mojados. Ella es una luciérnaga apagada, una planta sedienta, un sacapuntas oxidado. Ella no es tristeza, es contemplación y eso me hace amarla tanto que no puedo responderle, porque va más allá de mis sentidos y fuerzas.
No se puede amar a alguien que busca más que ser correspondido.
• • •
—¿Que querés ser cuando sea grande?
Te voy a decir que no quiero ser pero que quizás termine siendo, pero con mucha suerte a mi manera. No quiero vivir como si todos mis días fueran un lunes ni tampoco un domingo, no quiero llenar mi alma de amistades pasajeras ni tampoco confiarme de las duraderas. No quiero llevar conmigo amores de verano pero me aterra la idea de encadenarme a alguien que irremediablemente se irá. No, no quiero llevar bajo mi brazo un portafolios con palabras que ahora ni siquiera entiendo, pero tampoco vivir a la deriva, no me gusta el hippismo. ¿Sabés que no quiero? No quiero ser ni blanco, ni negro. No quiero ser ni vos, ni mamá, ni la tía, ni el abuelo, quiero ser yo pero que alguien quiera ser un poquito de mi. No quiero trabajar para respirar, quiero vivir y respirar y trabajar y estudiar y tener amigos, y poder hacer todo aquello que será muy difícil de tener a la vez.
• • •
—Te amo.
—Yo también te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario