¿Te acordás de mi?
Esto tampoco tiene que ver con mi vida así que tampoco flasheen colores.
—¿Te acordás de mi?
Esas fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Nicolás cuando Malena pasó delante de él una tarde de otoño, entre abrigos molestos y calles solitarias.
—No.
Y esas fueron las palabras de Malena, antes de darse la vuelta y seguir con su camino y dejar a Nicolás envuelto un mar de emociones encontradas.
—Tenés muy lindo pelo.
Era una tarde de invierno cuando le dijo eso, no la conocía en lo absoluto pero era lo único que le quedaba hacer mientras Federico besaba a Camila a dos metros de distancia (o menos, pero le gustaba pretender que era más para sentirse menos fracasado). No le estaba mirando ni la cara, ni los labios, ni las tetas, ni nada... sino el pelo, que tampoco era la gran cosa, pero lo suficientemente agradable para incitarlo a la caricia.
—Muchas gracias.
—¿Te gustan The Smiths?
—Si, pero esto no es 500 Days of Summer. Y aunque lo fueras, estoy bastante segura que yo sería la hermana de Tom y vos uno de los mejores amigos, el que no tiene novia hace tiempo.
—Nunca vi esa peli. ¿Te gustan?
Malena se rió.
—Odio este clima.
—Ah, yo también.
—No tenés que estar de acuerdo conmigo en todo lo que digo.
—No estoy de acuerdo en que estoy de acuerdo con todo lo que decís.
Malena abrió los ojos grandes, preguntándose si reírse o no y se fué.
Nicolás no entendió.
— Me gustas.
—Que bien, a mi también.
—¿Querés ser mi novia?
—Dale.
Malena respondió mientras se sentaba en el cordón de la vereda y Nicolás se unía a ella; mientras mantenían el silencio, se dedicaron a observar cómo los árbole se tornaban verdes en busca de la primavera.
—Te quiero mucho.
—Visto.
—Dale, Male, te tengo en frente...
—Visto, visto.
—...
—Sos un pelotudo.
—¿Ahora que hice?
—Nada.
—¿Entonces?
—Ahí te estoy diciendo: NADA.
Malena se fue.
Malena no volvió a ver a Nicolás la siguiente semana, ni la otra, ni la otra. No respondió sus mensajes, ni sus llamadas y esperaba que él no apareciera en su casa, porque temía ser esclava de las cuatro paredes que la abarcaban, porque por supuesto que no saldría a enfrentarlo y responder sus porqué.
Nicolás tenía muchas cosas para saber, y Malena muchas palabras atoradas en su gargante sin ser capaz de pronunciar, como por ejemplo, que Nicolás le gustaba en serio y eso le daba miedo.
Como por ejemplo, que Nicolás era un tierno.
Que Nicolás era todo lo que ella quería.
Que empezaba a depender de Nicolás.
Que cuando dormía Nicolás aparecía en su cabeza.
Y eso no le gustaba en lo absoluto.
—¿Te acordás de mi?
—No.
Porque si hubiera dicho que si, ahora estaría llorando.
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