No está corregido
Capaz el encuentro no había sido más que eso. Un encuentro,
no una casualidad, ni un enlace del destino para finalmente reunirlos. Capaz
estaba en sus vidas haberse encontrado para luego insultarse con amarga
redundancia, después de todo que era ella sino un choque de cosas tristes,
había dejado caer su carpeta simplemente porque estaba perdida, porque estaba
harta y él había sido seducido ante aquel acto y cuando se miraron no se
sonrieron, no se sintieron y, sin embargo, él tuvo el impulso de invitarla a
tomar algo e importarle quizás demasiado cuando ella se negó sonriendo nerviosa
por un desconocido.
-Bueno, está bien.
Y quizás le había alegrado más de la cuenta el cambio
completo de la situación.
Nunca se hubiera imagino que aquella joven de ojos marrones
terminaría sobre él, gimiendo por más. Nunca se imaginó que desearía con tanto
anhelo olvidar a su ex para tenerla solo a ella en su cabeza y tampoco creyó
que le sería tan fácil hacerlo, cuando en la oscuridad ella tomó sus cosas y se
fue, con la simple excusa de que prefería dormir sola en su casa. Lo
sorprendente más fueron la verdad en sus palabras; entonces no importó mucho y durmió
con su imagen durante toda la noche, con ese tipo de intriga que genera un poco
de angustia.
-Dos veces a la semana me parece demasiado.
-¿Entonces nos vamos a ver menos?
-Sí, me parece lo mejor.
Lo aceptó porque prefería eso a nada y ahora estaba
demasiado enganchado para negarse y continuar con su vida, capaz recuperar a su
ex, o ir al café de la esquina a estudiar como estaba haciendo hasta su
momento.
-Me asfixias. No hablemos por un rato.
Y el no quiso decirle nada, temeroso de sus gritos, de su
histeria, de que le dijera que era un tarado, igual que su ex, que lo acusara
de posesivo, celoso. No quería verlo porque no es no y es un pensamiento que
ella tiene arraigado en lo profundo de su cabeza, no le gustan las
explicaciones porque los deseos deben ser respetados, no cuestionados.
-Te extrañaba.
Y aparecer a las cuatro de la mañana de un domingo no le
parece la mejor manera de pedir disculpas y la dejó entrar sólo porque entendió
que no eran disculpas, que ella nunca estaría arrepentida de nada, sólo habían
surgido las ganas de verlo y sin pensarlo más tomó el colectivo sólo para estar
media hora frente a él diciendo
-Me gustás
Y cuando comenzó (el) a sonreír
-Pero no puedo, no puedo estar en una relación, me asfixia.
-Pero no nos hablamos nunca, no estoy entendiendo.
-Exacto, no me asfixio a causa de vos, sino de mi misma.
Quiero tener todo controlado con la distancia, distancia física, distancia de
sentimientos, pero a su vez me asfixia pensando que quizás no querés estar
conmigo y entonces no se que hacer, me pone mal. ¿Qué se supone que haga?
Quiero estar con vos, pero a la vez no quiero, me convenzo a mi misma que no
pasa nada pero a veces me encuentro teniendo ganas de verte…
-Y vení a verme…
-Y con miedo de que me digas que no.
-Nunca te diría eso.
-Quizás un día no tenes ganas de verme y está bien, pero no
quiero cruzarme con ese día, ¿entendés?
Suspiró intranquilo.
-No nos veamos más.
Y se fue.
Y no apareció.
Y él se sintió mal, muy mal.
qué odio eterno que le tengo al miedo, es una mierda.
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