jueves, 27 de marzo de 2014

El gran no me importa y su contradicción.

Repetir incansablemente “no me importa”, como si se tratara de un mantra, no es más que un acto contradictorio. Creemos –en vano- que debería funcionar porque los estudios han demostrado que, después de todo, los deseos inconscientes terminan por cumplirse. No obstante cometemos el error de intentar imponerle a nuestro inconsciente que no nos importa, y los intentos fallidos dan como respuesta que, por mucho que queramos, hay una parte nuestra que no quiere que eso suceda; porque si nos creemos tal mentira, entonces actuamos como si esa fuese la verdad y ésta parte, la que se niega rotundamente, sabe que de ser así mandaríamos todo a la mierda porque “no nos importa”. ¿Y de verdad no nos importa? ¿Qué tanto nos debería importar para no hacernos mal pero, a su vez, seguir prestándole atención? Te crees a vos mismo que no importa que no te haya respondido el mensaje, de tal manera que al día siguiente no te habla y tampoco le hablás (siempre manteniendo el factor clave, el gran no me importa), pasado ese día te habla pero no le respondés porque no te importa y llevás tal pensamiento a la ruina de la relación, o de lo que podría haber sido una. Porque obviamente, es más fácil enredarse con los pensamientos que aceptarlo y dejarlo ir.


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