El día de hoy no tengo ganas de nada, ni siquiera de mimos porque no quiero que nadie me vea tan deplorable, tristeza hundida en mi rostro sin ganas de desaparecer. El día de hoy quiero acostarme en la cama, con el placer de tener al menos tres frasadas encima mío e irme cada vez más abajo, para taparme más, y estar llena de almohadas que me hagan compañía. El día de hoy quiero sentarme en la cama y leer un libro mientras tomo té o café con leche o miro la tele. El día de hoy quizás si quiero recibir mimos, que él me diga que está todo bien, que me abrace así como él suele hacerlo. El día de hoy quiero convencerme de que está todo bien, de que él no me gusta, de que no soy una tarada, de que él no piensa que soy una tarada. El día de hoy quiero poder tener la certeza de que mi vida no es un asco, o que al menos va a mejorar con el tiempo. El día de hoy quiero llorar hasta sentirme mejor. El día de hoy quiero escuchar música hasta hartarme, y conocer nuevos artistas, y discutir de música y aprender un poco más, porque se nota que no se nada, nunca se nada y quedo como una boba, porque yo nunca se. Y lo peor es que me gusta no saber, me gusta no saber porque me encanta aprender y abrir los ojos como tonta y sonreír porque me siento incómoda cuando la gente me pregunta ¿en serio no sabías eso? y es que no entiendo el punto de saberlo todo, pero pareciera que hay que aparentar pedir disculpas por eso.
El día de hoy no quiero ir a trabajar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario