Decir que tengo cinco kilos de más va a provocar que gente salga a decirme que no estoy gorda, ¿pero no se dan cuenta que no se trata de eso? Nunca se trata de eso. Yo diría que me deprime la cantidad de pereza que mi cuerpo acumula a tal punto que no puedo estar treinta días de corrido comiendo bien y haciendo ejercicio. No estoy obesa, mucho menos gorda, tampoco "rellenita" (ponele), no, solo me falta, por un mes, trabajar en algo que luego va a ser mucho más fácil mantener. Cuando lo pienso de esa manera me da mucho más asco mi ser.
En fin.
Quiero hacer cosas nuevas, quiero aprender a tocar al guitarra (¿algún día va a pasar?); quiero tener más tardes lindas, en especial ahora que llega el otoño y vamos a ver como los árboles se colorean, colchones de hojas en el suelo, brisa fresca chocando contra mi cara, anhelo desesperado por tener a alguien a mi lado, alguien a quien tomarle la mano mientras tengo frío. Que no se mal interprete, el tiempo a solas es increíble y placentero, pero... la soledad... a veces es necesario de alguien más. Un hombro en quien llorar, unos labios que acaricien el propio y que nos guste como lo hacen, porque besar, se puede besar a cualquiera, ¿pero cuando a alguien que realmente queremos besar? Gustar de alguien es tan complicado cuando se es como soy yo. Aliento la espontaneidad y vivir el día a día, pero no dejo de querer aferrarme a los pequeños sentimientos, como si fueran la clave de un éxito mayor, de una puerta al futuro deseado. Después de estar tantos meses a la defensiva, estoy comenzando a pasar a ser blanda de nuevo. Obviamente tengo mis dudas y miedos, pero a veces me pregunto cómo hago para ponerme de pie tan rápido. En julio me estaba queriendo matar, en noviembre me daba asco el sexo, el diciembre empecé a salir con alguien, en algún punto cogí (aunque no lo disfruté), en febrero corté, en febrero empecé a salir con alguien, ese alguien me gusta, ese alguien no quiere nada serio y estoy acá yo, queriendo saber que quiero yo.
¿Pero no es muy pronto? ¿No tendría que estar acaso mucho más arisca a la gente? Siempre pasa lo mismo conmigo. Me levanto y me vuelvo a caer. Lo intento de nuevo porque se que hay algo mejor. No, no me estoy quejando, me estoy sorprendiendo por mi naturaleza masoquista.
Retomo: Estamos comenzando marzo y solo estoy trabajando. Corrijo, estamos comenzando marzo y no estoy haciendo nada. Trabajar da plata, no me llena para nada más.
Quiero estar en una relación. Quiero agarrarle la mano y correr por una plaza. Quiero que la gente vea lo felices que somos. ¿La gente? No. Quiero verlo yo misma, quiero sentirlo, que me recorra por todo el cuerpo, que queme mis mejillas. Quiero acostarme en el colchón de hojas junto a esa persona, quiero mirarnos y que sonriamos con la luz del sol en el medio del atardecer, disfrutar del silencio mientras nos acariciamos. Empezar por la frente, bajar por su mejilla, seguir por sus labios, mirar sus labios, sonreír al mirarlos, tener en cuenta lo perfecto que el o ella se ve. Besarlo. No. Estar a punto de. Detenerse. Jugar. Finalmente besarlo. Todo en un silencio ensordecedor, que no nos importe nada ni nadie. Y que el calor no nos impida buscar el calor del otro. Estar abrazados, acostados o simplemente tomándonos de la mano.
Quiero subirme a un colectivo con esa persona y que ninguno de los dos sepa a donde termina, pero que nos bajemos donde queramos y disfrutar, y caminar. Y tomar algo en un café que no conozcamos y que quizás el café sea horrible, que la comida sea horrible, que ese lemon pie que pedí lo sea y que no nos desagrade, que eso no arruine nuestra noche porque es increíble, todo lo es y tiene su toque romántico en esa fealdad. Y aún así dejar propina e irnos tomados de la mano, o que quizás yo la esconda no solo mi mano, sino mi persona, detrás de un árbol, de una manera tan mala que sea gracioso y escuchar su risa mientras me busca. Quiero volverme a casa y que el amor me inunda, sentir que tengo cinco años, o siete, o todos a la vez, porque con esa persona el mundo no debe detenerse, sino girar en todas las direcciones posibles.
Quiero ir a ver una película mala en un cine independiente, y que nos riamos porque es ridículo, porque nada tiene de malo ver una producción de hollywood. Quiero tomar tpe y café y comer lemon pie, sacar fotos, sacarle fotos. Ver atardeceres de colores lilas y anaranjados que se mezclan, que conviven con nubes ridículamente pálidas pero también grises. Ver esos atardeceres con esa persona.
Quiero ir a un bar desconocido en calles poco transitadas y que la música sea muy buena o quizás muy mala, que haya tragos excelentes o safables, emborracharse, cantar junto al cantante, hablar con otra pareja, encontrarnos turistas. Que el maní de cortesía sea un asco, que me lo prohiba comer porque entonces yo sería un asco, pero hacerlo de todos modos y luego intentar besarlo, que no me deje, que se ria, que me bese. Y salir de ese bar con tanto alcohol en sangre que no pueda caminar recto, ni yo ni él, pero hacerlo de todos modos y acostarnos en el suelo, hacer eso que a mi tanto me gusta mientras sale el sol. Cerrar los ojos y sentir la mirada de él ella en mi rostro, intentando comprender esos mambos que son como un gran acertijo, entonces que yo sonría mientras lo la mire y diga que está todo bien, que se debe dejar sentir como todo ese peso del ambiente, del pasado, del presente, todo eso que lo asusta se quede debajo del pavimento, o mejor aún, que explote, que ascienda hasta el cielo, que se sienta libre como me siento yo cada vez que me acuesto a esa hora y en esos lugares. Y si no lo comprende, que al menos me haga compañía, y si me comprende se que no será de la misma manera, pero una u otra sería especial y nos quedaríamos hasta ahí hasta aburrirnos o hasta que algún auto pase.
Quiero ir a su casa, que me preste su ropa porque seguramente no llevo ropa apropiada, reírnos, pelearnos por qué canción es mejor, por cual no, hablar, hablar durante horas, sobre cosas serias, sobre boludeces, y dormir juntos, después de dos, tres, cinco bostezos.
También quiero estar sola, leer, tomar un té, pasear, mirar vidrieras, sonreír, disfrutar, simplemente disfrutar de todo lo que está bien, de todo lo que está mal. Quiero escuchar música hasta sentirme sola y entonces extrañar, a mi mamá, a los tiempos felices, a esa vez que eramos felices, en casa, no en esta, en la otra, cuando papá hacía reír a mamá, cuando no estaban separados; extrañar a papá, cuando él era papá, no esa persona cuyo recuerdo me obliga a decirle a papá; extrañar a mi hermano pese a que cuando él estaba no lo extrañaba, extrañar a mi sobrina, abrazarla, jugar con ella, a mi sobrino, a jugarlo, a pelearlo, a pelearlos a ambos, a besarlos, a enojarme, y extrañar a mi cuñada, a hablar con ella, a estar ahí; extrañarlo la, que esté ahí conmigo y mirar mi celular sin saber si hablarle o no. Extrañar tener cinco años, siete, diez. Extrañar la falta de responsabilidades. Extrañar no necesitar tener un cuerpo perfecto para sentirme mejor. Extrañar pintar sin ser perfeccionista, extrañar tener muchos amigos, porque en aquel momento todos lo eran. Y levantarme, apagar un poco la música, abrir los ojos, mirar a todos lados esperando que alguien se de cuenta, esperando que ese alguien me abrace y ese abrazo sea suficiente para hacerme sentir mejor. Una fantasía, una utopía, porque nada me haría sentir mejor, porque nada puede arreglar las cosas.
Quiero entonces vivir con espontaneidad, seguir siendo así de bohemia, de romántica, de soñadora, menos extremista, menos impulsiva, menos dependiente.
Quiero seguir sin saber, para asombrarme ante las explicaciones.
Quiero seguir sin revisar mis escritos porque retomar lo que se escribe para corregirlo significaría cambiarlo todo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario