domingo, 13 de abril de 2014

No nos veamos más.

No está corregido


Capaz el encuentro no había sido más que eso. Un encuentro, no una casualidad, ni un enlace del destino para finalmente reunirlos. Capaz estaba en sus vidas haberse encontrado para luego insultarse con amarga redundancia, después de todo que era ella sino un choque de cosas tristes, había dejado caer su carpeta simplemente porque estaba perdida, porque estaba harta y él había sido seducido ante aquel acto y cuando se miraron no se sonrieron, no se sintieron y, sin embargo, él tuvo el impulso de invitarla a tomar algo e importarle quizás demasiado cuando ella se negó sonriendo nerviosa por un desconocido.
-Bueno, está bien.
Y quizás le había alegrado más de la cuenta el cambio completo de la situación.
Nunca se hubiera imagino que aquella joven de ojos marrones terminaría sobre él, gimiendo por más. Nunca se imaginó que desearía con tanto anhelo olvidar a su ex para tenerla solo a ella en su cabeza y tampoco creyó que le sería tan fácil hacerlo, cuando en la oscuridad ella tomó sus cosas y se fue, con la simple excusa de que prefería dormir sola en su casa. Lo sorprendente más fueron la verdad en sus palabras; entonces no importó mucho y durmió con su imagen durante toda la noche, con ese tipo de intriga que genera un poco de angustia.
-Dos veces a la semana me parece demasiado.
-¿Entonces nos vamos a ver menos?
-Sí, me parece lo mejor.
Lo aceptó porque prefería eso a nada y ahora estaba demasiado enganchado para negarse y continuar con su vida, capaz recuperar a su ex, o ir al café de la esquina a estudiar como estaba haciendo hasta su momento.
-Me asfixias. No hablemos por un rato.
Y el no quiso decirle nada, temeroso de sus gritos, de su histeria, de que le dijera que era un tarado, igual que su ex, que lo acusara de posesivo, celoso. No quería verlo porque no es no y es un pensamiento que ella tiene arraigado en lo profundo de su cabeza, no le gustan las explicaciones porque los deseos deben ser respetados, no cuestionados.
-Te extrañaba.
Y aparecer a las cuatro de la mañana de un domingo no le parece la mejor manera de pedir disculpas y la dejó entrar sólo porque entendió que no eran disculpas, que ella nunca estaría arrepentida de nada, sólo habían surgido las ganas de verlo y sin pensarlo más tomó el colectivo sólo para estar media hora frente a él diciendo
-Me gustás
Y cuando comenzó (el) a sonreír
-Pero no puedo, no puedo estar en una relación, me asfixia.
-Pero no nos hablamos nunca, no estoy entendiendo.
-Exacto, no me asfixio a causa de vos, sino de mi misma. Quiero tener todo controlado con la distancia, distancia física, distancia de sentimientos, pero a su vez me asfixia pensando que quizás no querés estar conmigo y entonces no se que hacer, me pone mal. ¿Qué se supone que haga? Quiero estar con vos, pero a la vez no quiero, me convenzo a mi misma que no pasa nada pero a veces me encuentro teniendo ganas de verte…
-Y vení a verme…
-Y con miedo de que me digas que no.
-Nunca te diría eso.
-Quizás un día no tenes ganas de verme y está bien, pero no quiero cruzarme con ese día, ¿entendés?
Suspiró intranquilo.
-No nos veamos más.
Y se fue.
Y no apareció.

Y él se sintió mal, muy mal.

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