Está escondida en una de las esquinas, las luces proyectando diversos colores sobre su tez que ha perdido toda expresión, ahora está demasiado calmada, cerrando los ojos y moviendo las manos al ritmo de la música, aunque sus movimientos se encuentras entorpecidos por la paz que siente en ese momento. Y sus manos delgadas se mueven, su cuerpo las acompaña, su cabeza va de un lado al otro, pero siempre en slow motion. Cuando abre los ojos ve una joven de cabello oscuro y ondulado, de flequillo recto y ojos profundos, que tiene unos labios que se mueven pero ningún sonido sale de ellos. Frunce el ceño, no entiende, intenta comprender dónde está, todo en una fracción de segundo que permite que ella no se da cuenta.
—¿Fuego? —Habla con acento español y sonrie, siempre le ha gustado ese sonido. Cierra los ojos luego de asentir con la cabeza, aunque en teoría ya no pueda ver más nada, las lucen siguen apareciendo—. Gracias —Pero no se va, se queda con ella y en silencio se miran, o miran a los demás y luego vuelven a mirarse, se sonríen, se acercan un poco más, cierra los ojos disfrutando de la compañía que en aquella circunstancia está fuera de la anormalidad.
Cuando abre los ojos la paz sigue con ella y lo mismo la joven.
—Es curioso, ¿no?
Sabe que se refiere a todos ellos bailando de frente al DJ, con la música dubstep agitando el cerebro y con el sentimiento individualista rodeándolos.
—No me desagrada, pero tampoco lo gozo desde una vista objetiva.
—¿La estás pasando bien?
—Nunca la pasé tan bien...
—Estás en una especie de trance.
—Si.
—¿Marihuana? —Negó con la cabeza—, ¿rola? —Meneó la cabeza. "No me pegó" respondió.
—También lanza.
—Ah si.
—Siento mucha paz.
—Que lindo.
—Es increíble, como si los problemas ya no fueran problemas.
La española la miró sonriendo suavemente, sus labios delgados expresando un gusto desconocido.
—¿Cómo te llamas?
—Al —Alzó una ceja.
—Babs.
—Que lindo nombre.
La tomó de la mano antes de asintir, antes de pronunciar alguna que otra palabra, antes de nada... y la llevó al baño y se encerró con ella y la miró a los ojos, la tomó del rostro y la observó con delicadeza, como quién busca detalles escondidos.
—Sos hermosa.
—Ah, gracias. Vos también.
—No, lo digo en serio.
—¿Por qué mentirías?
—Lo confirmo porque parecés del tipo de chica que necesita confirmación para empezar a creer aunque aún no pueda hacerlo del todo.
Creyó que el beso iba a ser desesperado y forzoso, pero más que capturar sus labios, quería buscarlos y al hacerlo los acariciaba para alejarse y desprenderse de su piel, sus manos acariciando sus brazos sin ir más allá. Y la musica sonaba y la gente hablaba y ella la besaba y a su vez comprendía entender, estaba allí, no estaba allí, ¿dónde estaba? Pensó en él, pensó en ella, pensó en su amiga, en su compañero, en aquel chico de la esquina del bar. Y mientras tanto besaba y la acariciaba y ya habían dejado de buscarse hace mucho tiempo para completar finalmente el ritual y abrazarse. Oh, no, no se conocían en lo absoluto pero se estaba tan bien así.
—Pasame tu número.
—Dale.
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