Las palabras salieron, se escucharon, entraron en su cabeza
para dar vueltas y sin embargo le era difícil de comprender –o eso creyó–, ¿acaso no
tendría que sentirse mal? Quizás, pero esa no era su realidad; seguramente aún
no lo había procesado y seguiría sin hacerlo hasta que ella estuviera…
Siempre había pasado lo mismo en su vida, ante la muerte o situaciones límite su cerebro baja la velocidad de los procesos, no actuaba, reprimiendo todo sentimiento de angustia.
Siempre había pasado lo mismo en su vida, ante la muerte o situaciones límite su cerebro baja la velocidad de los procesos, no actuaba, reprimiendo todo sentimiento de angustia.
—Ah.
Habían pasado dos semanas desde lo ocurrido y las palabras
continuaban haciendo eco. Desde aquel momento no había llorado, y sin embargo
estaba pensando en aquello… Empezó a preguntarse qué es sentirse mal, si en
realidad hay muchas maneras de sentirlo y si en verdad estaba mal por lo que ocurría
o si en realidad la enfermedad tomaba importancia sólo porque estaba
canalizando otros problemas en ella. Se sentía mal porque su mejor amiga no le
hablaba, porque no lograba concentrarse en la facultad, porque su madre estaba
con un imbécil… no, no se sentía mal por eso, se sentía mal porque arrojaba su
angustia en aquel problema.
No estaba mal.
—¿Cómo estás?
—Cansada.
No está triste porque su novia (puede tener) tiene cáncer. No está triste
porque se (va a) puede morir. Conocerá a muchas chicas, se enamorará muchas
veces.
No está triste.
No está.
No.

No hay comentarios:
Publicar un comentario