Dijo que iba a
escribir sobre las plazas, sobre los asientos, sobre los colectivos, sobre el
silencio en los colectivos, sobre la individualidad en los transportes (e iba a
utilizar la palabra transporte); dijo
que escribiría sobre el amor, sobre la tristeza, sobre él, sobre ella…
Dijo que iba a
escribir sobre los besos y el sexo y las tetas y el agarre; sobre las manos,
sobre la piel, sobre las caricias, sobre sus dedos deteniéndose en sus
mejillas, sobre sus ojos mirándola enternecido (con esos dedos en sus mejillas),
sobre sus labios acercándose de a poco, sobre ella cerrando los ojos cada vez
que sus labios se acercaban de a poco…
Dijo que iba a
escribir sobre las calles y las plazas (de nuevo) y la noche y el cielo de día,
de noche, de tarde, de madrugada…
Pero no logró
escribir nada, porque perdía mucho tiempo de su vida pensando y no haciendo,
imaginando egoístamente sin tener en cuenta a los demás y poco a poco se fue
cerrando en un cuento, que se llenaba día a día y cuyas páginas no eran más que
porciones de su mente.

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